En la parte oeste en medio de plantaciones de caña y entre bateyes estaba el núcleo # 15 de Mata Mamón, y a este le correspondían La escuela La Ceiba, como subcentral, Rancho Arriba y Reventón como escuelas Satélites, Rincón Dorado, Yabacao, Los Mercedes y el Aguacate eran centros Ailados. Escuela como Mata Mamón no había condiciones más que para chiquero y corral de cabras y ovejas. Cercada con mallas de espinas y alambre de púas. Parodiando al poeta… más que escuela potrero parecía. Los animales usaban las 4 aulas como pradera y campiña, y lo que llamaban dirección era un retrete de defecado y excreciones sexuales de burros, yeguas chivas y de humanos… ligera, líquida y cantarina, chorreras con tamboras y trompetas de diarreas animal y humana. No es que desee hablar del núcleo que me tocó dirigir, las autoridades creyeron que saldría huyendo ese mismo día luego de conocer el perfil de éste… y no le di ese placer no le di la oportunidad de realizar el deseo que tuvieron desde Altamira de verme fuera del sistema. Me cancelaron en la Chamberlain, primero estaba en libertad, para compartir mis planes e intenciones con un pueblo hambriento de amor y de justicia. Deseoso de ver sus esperanzas realizadas dentro de los calderos y comedores de sus casas y viviendas, segundo… escuchar de los labios de ese pueblo el participar de sus sueños y de sus limitaciones. A pesar de hablar de las escuelas abatidas, sirviendo de focos oscuridad en vez de faro de luz, de enfermedades y de deshonras y de adulterio, en vez de producción. Esa situación creada por las autoridades escolares, patrocinadas por el imperialismo para tener pisada a la población, trabajadora de servicios con los estamentos establecidos; ha sido para mí una parada para tomar energía en la noria de este canino de arenas movedizas, y pantanales que por encima parecía estar seco como las mierdas de las reses, pero podridas como un sepulcro burocrático. Al principio puede deprimir las almas sensibles, pero fortalecen la fe antes de tomar el camino al destierro que permanecíamos recibiendo. Era un feo corral de chivas y de chineros, de becerros y de caballos del vecindario que amarraban los llamados amigos de la escuela al verla sin autoridad y abandono. Era a veces cancha, era la escuela subcentral de la Ceiba, de hermoso lugar y de hospitalidad humana, de servicio y de trabajo individual, lista para la lucha colectiva, para la comunidad escolar del antiguo distrito # 100 de la Victoria, se dividió en los núcleo 15, 16, 17, 18, 19, 10, 21, comprendido en las dos villas… Mella y Victoria. A Escalante le correspondió el número 12 cito en la Cuaba integrado por La Cuaba, como sede, Pedregal, la Malena, La Malenita y Yacó, colinderas con las escuelas de Villa Altagracia la de Pedro Brand y río La Isabela. El número 18 lo dirigía Pedro Regalado con sede en el Higüero, las subcentrales y satélites eran Amor de Dios, Tiro al Blanco, Hoyo Oscuro. … Regalado era casado. Padre de tres hijos egresado de la escuela Normal Félix Evaristo Mejía, para el momento estudiaba el 5to semestres de administración escolar. Tenía dotes propias de educador, al salir de una reunión de fin de mes, murió atropellado por una patana cargada de tubos plásticos, en la rotonda del puente en la cercanía de la calle Padre Castellanos. La Nuclearización perdía a uno de sus mejores dirigentes, dueño de muchos recursos administrativos. La esposa y los hijos recibieron una corona fría, insípida, desnutrida, desnuda de respeto por lo humano que como antes el representaba.
Los maestros no pasaban de octavo grados, debo señalar la presencia de una maestra que según sus palabras, estudiaba sabatino en autónoma. Ella tenía en título de bachiller. Se llamaba Aura Celeste, el director se llamaba Papito Regalado, natural de San Francisco de Macorís. Julio Adón era el tercer maestro que era alumno nuestro en el Liceo en la Noche.
Severino Hernández y Domingo Carbonell, Mercedes Rodríguez, Papito Regalado, tenía la renuncia lista para en forma colectiva renunciar. Pero después de escuchar mi sugerencia, cambiaron de propósito. Perderían los años acumulados años que San Eleazar le había usurpados.
*****Capitulo 22 ******
En el Teodoro Henequén, en horas de la tarde de los domingos y de los sábados, durante los años 66 y 69, Luis Ernesto, José Enrique, Constantino Víctor, Kleber y Ciro… hasta en las horas de la noche en las de ir al comedor y a la Peña de la Ventana de loa Lagartos, donde debatíamos asuntos intelectuales, teóricos y dialécticos. Esa peña fue la escalera para llegar al cogollo de muchos de los secretos escondidos, por los aristócratas oligarcas, de la sociedad de amarillos y blancos de este país. Sin la peña no podíamos cruzar a las páginas del capital, tampoco hubiésemos llegados a conocer los conceptos elementales del materialismo. Ni obras como Mis luchas, Las 48 formas del poder, El Sembrador, y doscientas más. Al introducirse por aventura de la realidad nos ofrecía un camino para escabullirnos de la atención del vigía, encaminado a conocer las categoría de lectura que hacíamos los referidos en el título del encabezado de este capítulo, internados para maestro o para sacerdote. Al ser director de núcleo, coordinador de la Peña del colegio, pretendí trasladar a Reventón a Mata Mamón a la Ceiba… las características adquiridas en la Ventana de los lagartos, en la Peña. Formar maestros en los maestros, bajo el fuego moral y ético de responsabilidad, poniendo el espíritu de búsqueda de luz en la participación empleado los círculos de investigación y talleres de estudios en peñas pedagógicas. Desenvolviendo actitudes para la autosuficiencia, la autoevaluación y la autocrítica fortaleciendo la autogestión y la voluntad. Para la concertación de cambios en los humanos yen los fenómenos comunitarios en los entornos familiares y escolares.
Ana Peña Tenía 29 días en la casa de la Duarte, donde vivíamos. Compartía la alegría de la familia, en muchas ocasiones los pesados actos de quehacer familiar, en el triángulo de la realidad cotidiana; en la vivienda como la mía, donde acuden tantas personas por minuto al espacio del hogar. Llevando o buscando hojas informáticas como formativas.
-¡Mamá, mamá- dijo Toñita- estoy cansada. Puso en la haragana, sus glúteos juveniles con apariencia de ser elaborado con resinas de caucho, de negras gomas macizas. Mandó donde su papá Otilio, a su hermano Coquito, a la carnicería a comprar carne de chiva y de res.
-¿Por qué estás cansada, es que no duerme? Con suavidad y respeto preguntó Enemencia Morillo.
–Claro que duermo, mamá. No, no es por eso. Peinaba sus cabellos CARIBEÑOS no debería decirlo pero a casa de Víctor va más gentes que al colmado de Shirin, se sirve café cinco veces, para todo el llegue y tome, fregar la loza de la comida, de todo el que coma o de la casa o allegado. Caramba a esa casa va más gente que a la carnicería de Brazobán.
-Y entonces en qué ayuda la hermana de vira, miró la carne y al considerarla buena se marchó sin responder la pregunta acerca de mi cuñada. Cuando vio a la hermana que desgranaba guandules se rió, estaban en las sombras de toronjas. Elvira secaba el piso con el abanico, le dijo a su asistente culinaria- Toñita, cocinemos un moro, pero a la carne ponle el picante luego de sacar la de los muchachos, preparas ensaladas, compra pares de huevos y café. Ana pela esa tres yuca que el moro de guandules con carne de chivo le pega esa compaña.
Elvira tenía deseo de ir a donde los viejos a Imbert y Altamira, a dar a conocer los pequeños que no conocían. Además Santo Peña estaba enfermo. Sin embargo mientras amamantaba a viví pensaba para consumo interior,”esta familia está consumiendo en un día, lo que es para ocho. El se da cuenta pero por mí se mantiene callado, por eso el viaje debo, dejarlo para que sea el que lo disponga. Como el buey hala callado. Dije en silencio cuando daba el seno a viví.
Eran las doce del medio día, la carne de toñita olía más que la de cualquier mujer madura, ella toñita, no tenía 12 años todavía. La presencia mía se sentía con el ruido del motor y por la marca de mi espiritualidad que a la casa llegaba primero… y que sólo viví era quien la recibía si lloraba dejaba el llanto… muchas veces despertaba si dormía. El sosiego a mi llegada revitalizaba el que había. Yo no causaba tedio ni miedo para nadie. Al contrario decía Ana Peña, mi cuñada, la presencia suya da seguridad. Da lucidez y apagaba las brumas y la sed como una noria en el camino. Pavel, que era el nombre de viví, levantó la cabeza de Dorsuskú al escucharme hablar con su tía Ana Peña, cogió el seno. Le pedí a la madre que lo llevara y me él me sonrió al ver que lo deseaba cargar. Me gustaba verlo reír, entonces le dije a la cuñada—mis hijos ríen 333 veces al día, a mí y a mi mujer nos toca que eso sea una realidad. Para lavar su naturaleza, limpiar lo que de ogro tengan. Los niños que ríen los primeros días de su vida, andarán con la felicidad en la faldiquera. No quiero que en la casa de mis hijos ahora que son chicos, se hable de asuntos de dolor y de tragedias, tampoco de índoles económicos. Ni lúgubres ni tristes. Para que no descrezca su espiritualidad. Deseo que desenvuelvan sin temor al mundo material, que luego descubrirán a su tiempo, el inmenso mundo místico. Sin arribar a la carga de mentiras con las que nos educaron a una mayoría. Por eso somos esclavos, de un miedo interior que nos pellizca cuando se nos presentan inesperadas acciones y la sentimos en el centro nervioso en nuestro estómago y morimos por esas laceraciones, que son mordidas que como gatos montañés nos da el fiero temor.
-Qué te ocurres- preguntó con voz de mujer crecida, entre el perfume de los azahares cerca de los cafetales y de los murmullos de la corriente matinales del manantial, cambiaste de aspecto hiciste un arco de cejas qué fue lo que pasó
miércoles, 25 de noviembre de 2009
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