miércoles, 17 de marzo de 2010

pag de tragedia en el palmar, novela de Victor Arias




FOTO DEL GRAN CAPITAN PEÑA TAVERAS PIEZA CLAVE EN LA TOMA DE LAS ARMAS EL 24 DE ABRIL.


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La caña se tragó el sudor del criollo, se tragó al vecino, el oro tiene nombre popular, sabe a merengue, a guiro y a tambora, hace torres de letras, de humanas palabras, caminando mostrando su orgullo, al sistema carcomido y corrupto, muestra rosas verdes. Gaviotas blancas y palomas risueñas juegan y cantan como niños un himno de futuro. En el vergel de rosas proletarias, embriagado por el vino de injusticia, por la albura de otros soles, rompiendo en la casa de la burguesía, los cristales de mirtos oligárquicos, frente al frío que corre con la ternura de la madre que amamanta con dolor. Aunque perfumando barrios y sendas comunitarias, contras las matemáticas nostalgias, quemando las lisonjas geométricas, oligárquicos alfabetos, en un montón de flores olvidadas, asaltando edificios opresores, borrando lunas fantasmagóricas, deslumbramiento de partidas tristes y muy hermosa hacia el levantamiento de coronas de socialistas rosedales en las alcoba de lirios dorados, donde fluirán mis rosas proletarias junto a mi idioma universal de unos tiernos besos en sinceros labios sin marinos invasores acuchillan el vientre de infantas y muerden los dedos a las envejecientes con las viejas bayonetas del imperio. Conjugando el verbo con dejo final en un platillo de esperanza mordiendo la tierra junto a varias líneas blancas… hiriendo el camino sempiterno canciones de dolencias sin treguas, llevando el cuerpo bello que va al cementerio juntando cortadas en las piernas blasfemadas urdiendo en las raíces de un raza salvajes, llevando anhelos vehementes de libar en el olvido fraterno opuesto a la cadena que arrastran las manos de niños, niñas y ancianas, por generaciones. Amando la libertad y la justicia, aborreciendo el sabor amargo de la mentira. Miraba en sus imágenes a un pueblo en la calle con las manos levantadas, unido, arropado con una sábana fuerte abrió brechas y zanjones a la justicia y a la verdad.
-¿De quién me habla, usted Donatilio?
-No hablo de nadie, simplemente permíteme hablar, disipas lo que quieras entre las brumas, rompe la vieja cadena para que tú antorcha sublimice el amanecer hecho flor y tu música y el violín señalen rutas verticales con tus versos inconfundibles y abran puertas grandes de madera incorruptible con pétalos blancos de estambres proletarios mostrando al mundo las dolientes ampollas, a un cielo, el cielo de los hombres, de los trabajadores. Cuando llegue el día… preguntas cuántos hombres humildes, buenos, consagrados, honrados, humillados, enyugados se requieren para hacer crecer las carteras del burgués de la plaza 27 de febrero? Cuando tengas la respuesta también tú morirás. O quizá sólo tenga que patear, o encender la antorcha para quemar los cimientos podridos del imperio esclavista. Mirarás las nubes translúcidas en filas de rosedales, quizá puedas ver la banderas bailando en el aire luego de besar los surcos, dejando abiertas las persianas esparciendo el llanto como un mensaje del pueblo a las montañas, por las playas, por las chozas, por las campiñas como un perfume didáctico para eliminar los vahos planificados y de forjen las nuevas matemáticas al tiempo de cosechar las flores de la historia.
-Yo no lo entiendo, no señor, no lo comprendo, Donatilio, no se lo voy a negar, no lo entiendo. Me he enamorado de usted, más que del sabor de sus versos y de sus besos ardorosos y celestiales. Abrían las puertas de un mundo para que mi consciencia creciera, liberando ideas de la gentes que lucha en la fábrica, sembrando sudor de canteras casi siempre ajenas, como pájaros en tránsito de martillo, bajo el sol que se negó dar luz limpia a los pobres, reclamando el derecho al nido. Siempre he creído, que eres mi puerta, un botón nacionalista, socialista, como el vergel inmaculado de una Patria nueva. Fuimos la fécula sagrada de la canción de versos. De una Patria inmortal, llenando de sosiego en tarde de una política de sepultura ambiental.
¿De qué me habla, Casilda, usted? Siendo nardo y violeta. Se conjuga amorosa y decide abrir caminos rompiendo las cadenas con sangre y fuego dejando de beber el néctar vital en los dorados labios de la misericordia mostrando el sendero que lleva a la cima de lo súper envolviendo en manto de injusticia, de tu infinita omnipotencia. Mientras te baña en la laguna de la sapiencia moral e inmaculada.
-No, no, no es de esa manera, me cubro con tu espalda, en tus hombros y con tu pecho en la pureza santa donde navegas en un dulce mar paciente del panal de la vida perfumada, con los mirtos de la gloria tuya, muchas veces deseé sentarme en el fuego… con los culpables buscando quemar, mis vísceras, con tus manos para limpiar el fango las franjas de las banderas. Usted no soporta el engaño ni que le traicionen. Sale del ferroso y tormentoso camino donde las puras almas se carcoman. –Oiga déjese de decir cosas mire las olas de fuego que como leyenda oprobiosa e infernal motivan las llamas impías y andan con el amarillo traje de la justicia. Pero beben vino caro en una copa ajena, déjese de hablar cosas, y mire el sol quisqueyano, como fuente de poetas, emblemiza los tiempos y los mundos caribeños reverberando con luces diáfanas y divinizantes. Es oda sagrada porque es camino, música de diosa aplicada marca de destino. Raza impávida e ínclita que busca el néctar de las lises y el frescor de ríos Yaque y de Ozama llevando a tu templo flores y lágrimas de los caminos y de los matorrales. Para cuidar las cenizas y en luces encender el pensamiento de las manos socialistas como a una rosa adolescente. Otoñales.
- ¡Aay no, yo no lo puedo comprender a usted, no lo entiendo! Lo que si se que comprendo es el calor y la humedad de sus labios. Porque entran muchos más lejos que la saetas con las puntas afiladas, van más allá que los fines calculados, más que la pólvora y más que la razón. Como la canción sublime de fragancia y ensoñación de manantiales, como una oración celestial, de vidas y de alburas, alabada esencia de nuestra era, primavera y amor en cantería de luces y de triunfo. Canción sublime de oasis y de polluelos entre altares de ninfas de glorias que marcan la estrategia.
-¿Marcando estrategia?
-¡Sí! ¡Sí señor! Recopilando las coronas que caen en el viejo sepulcro cual manifestación de la bella muerte.
-¿Y desde cuando es bella la muerte?
-Yo no lo se pero lo digo, quizá disparate sea, pero el pueblo está alerta, busca la ventura inspirado en aquellos que fueron tu ejemplo. Como eres mi armadura fortalece mi estrella. Te ha convertido en pueblo valiente y fuerte. Por el frescor de las montañas que exhibe, por la vitalidad, áncora eflorescente.
–Déjese de cosas ya le dije. Y como tea déme de beber, consígame del agua del futuro, y diga… Dios Patria,…y en caso de querer ponga Libertad.

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Trabajos ensoñación de versos. Operetas y arias italianas, martillos, clavos y machetes. Merengues guiros tambora, la muerte del presidente. Distancia, Elegías besos, polinización, bandera blancas, rojas, moradas. Doce noches largas, amor y justicia. Resultados, Juntazos… Granadazos y granadillos en las mesas de los que mataron al coronel de abril, en febrero. Servidores en las cortinas del imperio… visas, pensiones y torturas, desaparecidos: Guido Gil buscando el cadáver de Segarra Santos.

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