domingo, 8 de noviembre de 2009

capitulo 14 de una noria en el Camino, imagen de los tres hijos menores del autor...


**** CAPITULO 14 *****

Cuando dejamos el cementerio, donde enterramos a mi Patrovich Iván, las nubes cambiaron de plateadas a plomizas, y permanecieron dos horas dejando caer lágrimas sedientas, yo no conocía la costumbre y realidad del lugar, no sabía que debía comprar bebidas alcohólicas, maní tostado y mentas, bagatelas para obsequiar a las visitas que espontáneamente se presentaban a acompañarles, pero era costumbre tocar tamboras, maracas, guiros y timbales pero hacía falta mi autorización.
Pedí a los vecinos que nos liberarán ya que padecíamos el gran dolor causado por la pérdida de nuestro pequeño quien queríamos como si hubiese tenido 46 o simplemente seis días, era nuestro hijo y esa no era nuestra cultura. En el dormitorio ella lloraba en silencio la punta de la espina de la muerte clavada en medio de su alma de madre. Le habían quitado el derecho de verle crecer, era un niño normal. ¿Por qué destruyeron su vida de infante? Todo era perfecto, los ojos marrones como los de su padres. El gorro de cabello negro como los míos, como la noche enlutada. ¡Ay caramba mi pequeño! Yo entré a la habitación y la acaricié en las interioridades, junté mis mejillas a las suyas, la dejé fumando ya sosegada.
Filgia y Toñita y su madre Enemencia servían a los que llegaban maní tostado, jugos de frutas… yo no conocía la costumbre del Baquiní, palabra de origen africano- es el velorio de un niño recién nacido o de pocos meses, “en el que se cantan tonadas de carácter piadoso”,
José Regino tocaba la tambora del conjunto que improvisó algunas canciones para la ocasión.
En el palacio celebraban el triunfo del partido reformista, para el presidente Balaguer esa mole era su madre, lo abrigaba en los álgidos momentos de la paz, y en los cálidos de la guerra. Era una nodriza cuidadosa de las sodómicas acciones, lo endiosa fortaleciendo los deseos caninos vampíricos algunas veces en las luces de los faroles del sol. Doña Emma su hermana, rifaba entre tómbolas de árganas de militares que fueron amigos del tirano. En la Hacienda Nuevos Templarios, en la vega donde explotaran los serones de dinamitas en el bautizo, en las primeras décadas del siglo pasado, en una finca del Higüero… en los entornos de la ciudad de Cotuí, a las 10 de la mañana de un sol muy comprometido, con los esbirros del jefe, en la pantomima colorada. Era pomposa la hora de orgía donde comían hasta desafiar la gula donde un grupo hambreado que deseó saciar en carne de cerdo en longaniza, y en morcilla el anhelo de verse la panza cual paila donde los inquisidores chicharronearon los cuerpos de sus opositores, terminaban en orgías gulas y planes lujuriosos, despilfarros trillonarios urdían la búsqueda de tesoro cual gambusinos para la nueva reelección. Y qué había en esas árganas... qué podía haber… era una verdadera hermana conocedora de las debilidades, y evitaba que el lente del pueblo lo enfocara y lo sellara, con el aliento de su magia socialista, por eso le auxiliaba en las aristas y en los anillos del poder. Los poríferos y corchos, amasaron enormes sumas como los verdaderos dueños de la cruzada del amor. Orden nueva de la civilización del carnaval político balaguerista. Necesitaba el corazón de inocentes para hacerlo vibrar con maraquitas, banderolas coloradas y espejitos, donde los obsequieros, no se atrevían mirar el entorno del vidrio donde descansaba la sangre de Elcira y de Tingó, muerta el 9 de noviembre. No se atrevía a mirarse porque en los bordes estaba la patente de su gemela banda colorada.
El amor crece con las semillas de las huertas, carentes de plagas y contaminantes sociales, las rencillas, el odio, la intriga fermentan el árbol del cariño y les putrefactas, hay que hacer una guerra al odio, y a sus oficiales la envidia y la intriga. Para poder ver crecer los lirios y los geranios de la hermandad como de la virtuosidad pero en verdad la vida de los hijos de los pobres, de los que nacen en los hospitales, o en las clínicas, sería mejor continuar con las comadronas. De esa manera crecen como los tulipanes y las petunias, como las violetas y las begonias, como las hortalizas. Para creer sobre de las rodillas de los caídos con la esperanza del nacimiento del fénix desde la ceniza. ¿Cuál o cuáles cenizas? ¿Las de mata redonda? ¿Las del palacio? ¿Cuál de los palacios? ¡Tú sabes!
En la Victoria, en Villa Consuelo, en Villa Mella y en San Luis, como en millares de Parajes, es en horas del almuerzo, cuando escuchamos… ¡Balaguer sin ti, se hunde este país!, y así en cualquier sombra, del universo. Ponle Duvalier sin ti… ¡Somoza sin ti se un hunde Nicaragua! Gritando y gritando van a la fiesta de los nuevos templarios. Mientras Balaguer respire aspirará, había dicho Juan Bosch. En la presidente Cáceres número 50 hogar de la señora Sandoval, recibían a Ada Drullard, y al Tiznao, a Pedro Mendoza, y a otros estudiantes de medicina compañero de Ramón. Ofelia amiga de Freddy hablaba con él de periodismo que era la profesión que el más pequeño de los Sandoval, ejercía.
¿Quién era Lajara Burgos? Preguntó Francia la sobrina de Ofelia. Que estuvo enferma tres días y fuera internada en la clínica, “La Humildad” golpeada por grupos de los incontrolables del Rey. Luis Lajara Burgos es un militar en el campo del retiro. Se devolvió de su hermoso camino recorrido para participar en la pantomima del año 74, el 16 de mayo. Obteniendo la abultada árgana de 175 votos machos y hembras. Por qué no me lo aclara tía Ofelia. Mas claro de ahí no canta una paloma, ya lo que fue, fue. Nadie participó en esas elecciones del pasado mayo, Balaguer consiguió oficializar su candidatura con la del Contraalmirante de Luis Homero. Ofelia estaba cansada y deseaba irse a dormir, había seleccionado a su tía para obtener la respuesta de una de las preguntas más engorrosas que a ningún revolucionario degustaba responder, porque para ello, había que revolver a escarbar entre los huesos de compañeros de faenas por la liberalidad del mundo. Finalmente qué pasó para que al presidente le renunciara el Estado Mayor, la aparente ingenuidad de la niña sorprendió a los tertulianos en la casa de Hilaria Sandoval. Donde celebrábamos el aniversario de la tragedia de Nino Sandoval. Muerto en el club Héctor J. Díaz. Nos referimos a José Rubén Darío Sandoval, sobrino de doña Hilaria.
Los jefes del Estado Mayor renunciaron por estar opuestos al nombramiento de Rafael Nivar Seijas como incumbente de la Policía, la diferencia estaba marcada, desde la muerte de Las Hermanas Mirabal, desde los últimos lustros de la tiranía, ahora del parto sin dolor pero para cazarlos en la Banda Colorada se sienten con mayor acentos las contradicciones que se han profundizados, los que son acérrimos y no se toman un vaso de agua en la misma mesa son Pérez y Pérez. Ah bueno, pienso que acabo de comprender, señaló Francia, dejando ver sus mejillas núbiles cargadas de placer.
Demetrio y Ofelia volvieron a su dormitorio, luego que felicitaron al doctor Ramón Sandoval, hijo de la señora Hilaria, se acababa de graduar de médico, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Al llegar fueron odiosamente sorprendido por una canasta navideña, en junio. Que por vía de don Salomón se la enviaba a Demetrio, el coronel Torres Marrero. Demetrio, no comprendo la buena fe del regalo, le tengo afección a los tuyos, y muy especial a él, sentía que el regalo tenía algo que no aguantaba. Me parece amor, que esto no es un regalo familiar, es un obsequio político. Qué me está explicando linda, yo no puedo comprenderte, cómo es posible que digas que no comprende, te juro que tiene ese envío. Observa Demetrio, pero con cuidado, no estamos en Navidad, de dónde sale ese juguete, pienso que de las entrañas del Opus colorado, del corazón de los nuevos Templarios, que regenta la hermana del señor. En este país, estamos en campaña electoral permanente. Cuántos días tendrá esa canasta en poder de los tíos. Todavía no comprendo Demetrio. Oye Ofelia, los que me golpearon están en el entorno, y en el contorno de todos, especial del colmado de Salomón que ahora los chequean, es probable que se mueva entre el mismo recinto. Entonces que hace mi tío, simplemente enviarme una canasta, con la que no está de acuerdo, al que liberó como muestra de que he cambiado. 2, 3, 4, y cinco veces, quizá lo calculó. Me parece oírlo decir Brincaron la cerca. Están de nuestro lado. ¿Qué te parece? -tengo que reconocer que lo dicho por el profesor Arias es un realidad. Ahora más que nunca, el dice “No hay que caminar tan lejos para el hallazgo de respuestas, las tenemos encima, o muy cerca del entorno” tu lógica Demetrio no le sobra sentido, y como consecuencia sabiduría, a veces te pone resbaladizo. Lo que me observa lo acepto como noble y bueno y muy especial ya que nunca no habló ni por las orillas una sola palabra que ubique sentimientos o colores o gustos. Eso lo enaltece y lo llena de nobleza. Pienso que es un táctico. Pienso, Ofelia, que debiste decir estratega expresé. Me reí, cuando me sacó la lengua tan roja que creí que era la punta de una cinta de carne. Y tan fina que pensé en la punta de un bisturí ensangrentado.
Como soy una mujer generosa, pienso que debo premiarte, con una noche de placer, en los brazos de una Diosa, en el jardín de los almohadones y colchonetas de mullidas rosas recibiendo los encantos cálidos, de tu adorable compañera, la que envía caricia en emanaciones desde el mismo fondo de su enamorado ser, de mujer seductora y revolucionaria, no hay nada tan parecida a la felicidad como las caricias que las manos de una revolucionaria puedan dar. Volví a reírme, esta vez, por lo presuntuosa y segura, que se manifestaba.
¿Dónde conociste a mi primo Arias?
- Arias vive en La Victoria, pero bueno, ¿por qué te antoja de el ahora? Es que no lo conocía por Víctor Constantino. El es, mi primo hermano, manifesté. Es hijo de tía Daniela y de don Evaristo Cruz, pero para él soy Félix Gregorio, a veces me dicen Félix María. Pero dime ¿lo recuerda? Si claro que lo recuerdo. Vive en la calle José Soriano 55, con su esposa de nombre Elvira y Kleber Wladimir de un año y meses eso creo, y Iván Patrovich, de tres meses gemelo ausente, ya que a su compañerito lo mataron los médicos de la maternidad La Altagracia, lo conocí en la casa del señor Melaneo Pacheco, en la calle Duarte. Al señor Pacheco le prohibió que lo visitara pero el creo que su edad, no le hace caso y lo visita ínter diario… y dice que si le da la gana se irá a morir en la casa del maestro. Ese mismo día conocí al sargento Luis Hermógenes López Acosta. Camina en las calles de la pequeña ciudad, como un buey pastando en su potrero. ¡Qué lástima, qué barbaridad! Que el día que conociste a un hombre para la vida haya conocido también uno para la muerte. Un esbirro de la oscuridad. Es lastimoso. Para mucho es un indicador de equilibrio. Ella manifestó cuando se abren puertas y ventanas por donde la luz entra vemos salir las piltrafas y malesencias, desde los escombros y recodos. Muchas se quedan encriptadas como un lobanillo en lo preciado de nuestro cuerpo. Iremos a la casa de tu primo me dijo, pero esta noche recibirá las caricias de tu amada compañera. Pero Demetrio será que te has vuelto un nagual… leíste mi pensamiento. Deseaba entregarte el cetro de mi pasión para que subiera al caballo del viejo romance y trajera desde la cabecita de la montaña, quejumbrosa, el calmante para este pasional apetito que liberación permaneciendo junto a ti en la esperara hora donde la luz no aparezca, sellándonos el canto del silencio eterno. Fueron al dormitorio al compás de sus corazones donde el aroma de azahares, y de rosedales, era el respiro de una sábana blanca en la pureza y castidad de una inmácula virgen. Reímos, hablamos, cenamos. Dormimos despertamos con claros objetivos. En la tranquilidad de la alcoba recordé a mi abuela, al abrir el precinto sellador de mi corazón le di libertad para llorar, liberé una descarga de energía traducida en lágrimas “cuando un hombre llora se mueve una estrella allá encima de los cielos, y el corazón libera una gelatina y lo convierte en más humano. Mi energía, la de ambos servían, rompían el tedio y creaba camino en la brega cotidiana. Consumíamos no producíamos. El secuestro del coronel nos excluyó, nos chequean las correspondencias, nos las violaban, la deuda telefónica estaba en los perímetros, tuvimos que actuar con rapidez, Ofelia llamó a su padre a los EEAA. La oí que decía – ¡hola papi, la bendición! ¿Cómo estás…? ¡Estoy bien! ¡Qué es eso de cómo te hayas! Muchas veces no se si me lo dices con doble ele, o con YE, gracias al cielo… ¡Dios te ayude! ¿Es cierto que la policía te has golpeado y quitado el motor? ¡No papi, no es cierto! Me encuentro bien, hace tres meses que algunas cosas tuyas no me llegar, ¿por qué? ¿Qué ha sucedido señor? ¡Te cansaste de tu primera y única flor…! Tú sabes que no, búscalo por villa Mella, esta misma tarde. ¿Tendrás algún problema para recibirlo? ¡Ten cuidado que el Diablo no duerme y cuando lo hace… lo hace caminando!
Tres meses después del tercer período consecutivo del presidente Balaguer, un grupo de jóvenes del movimiento 12 de enero, secuestró a la consejera de los Estados Unidos de norte América, la señora Bárbara Hutchison, usaron como escudo mortal al cónsul venezolano Gregorio del Corral, los jóvenes obtuvieron como recompensa un salvoconducto para Panamá, el país no salía de la maldita preñez, en noviembre del 1974. la sangre cundió los surcos del campos, inundaba los predios de yucas y de batatas y viandas las calles olían a hemoglobinas y los mercados de productores, hedían y los productos sabían a sangre, en los Guandules de Capotillos, en las Cañitas, en Villa Consuelo, ahora en los campos de Villa Mella, el aire era sangre, en las hojas de los piñones de los potreros, en Santa Cruz, la sangre llegó a los siropes y Guayados de hielo y caña, en los vinagres de piña, naranjos guineos y de limón. La sangre de Florinda Soriano Muñoz, la hija de Santos y Señas, la madre de las cerdas papacotas, de las gallinas prietas y de los gallos quiquiriquíes, de los japoneses… la mató la anarquía de los 12 años, el desorden esclavizó la vida, y favoreció para enriquecerse, y el ansia de sangre no calmó corrió como cañada, y llegó a las verduras y se quedó en muchos bohíos pero el polvo la rechazó. Nacida del vientre de sierra prieta y sierra blanca, de Sierra donde sea, en las proximidades de la Malena, y entornos de Pedregal, y de la Cuaba, el viejo manantial de rencor creció, entre peñas y cadillos, entre arrabal y maíces, entre arroyos y piedras, y entre las sienes de los trabajadores, de las obreras labradoras de hondonadas y covachas, de esas y cualquier otras colinas. Que antes no tuvieron linderos, y nació el odio contra el acero, contra las espinas de acero, las púas matemáticas y geométricas contra las fronteras impetuosas impuestas entre yaguaciles y yautías, ñames debajo de las matas de guáyigas y de las pisadas de Pablo Díaz. El liderazgo de doña Tingó, no se comprendía en Villa Tingó, ni en Villa Florinda, ni en Villa Soriano Muñoz, pero sí en ciudad Pablo Díaz, ella pudo ser luminaria en AYALA, al lado de Zapata, y por eso apagaron el pabilo de su esencia vital, evitando la disipación de brumas en quebradas y ecúmenos rurales, en barrios, y luego en los ensanches de las ciudades grandes, separó neblinas y vio la necesidad de seguir la lucha contra el imperio de la fuerza y el de Pablo Díaz. Para volver en realidad el postulado que “la tierra es del que la trabaja” del que la convierte en madre, disciplinando su fe. En las reuniones enunciaba-“hay que poseer la tierra” su hija Bonifacia, la recuerda con su lenguaje de bejuco de indio decía, cuando el agricultor abre un hoyo en el costado de la huerta, es como cuando un toro encinta al becerra, y el ganado entero…” pero hay que observar la diferencia, el buey desconoce que las cría que nacerán no saben de las consecuencias de la preñez pero el agricultor sabía como Mama que las mazorcas y las vainas, resina, racimos o granos, sostendrán a las familias. De aquel hoyo salía la salvia de la vida. Doña Tingó dijo un vecino hablaba del regocijo que le provocaba el trabajo, pero su meta era el trabajo colectivo, sin establecer quien era, lunes o viernes, no le interesaba el género. Para el trabajo somos cualquier cosa, no soy ni hombre ni mujer, soy trabajadora únicamente eso, lo importante era la producción. Me olvide que era mujer, hembra paridera, no estoy segura si siento como mujer, o si siento como madre, segura, segura no estoy… decía moviendo de izquierda a derecha la cabeza, si soy guandul, o frijol, lechoza o mamón… ¡je geedgee! Yo me río de mi, sino de lo que digo, a veces ni me escucho. Pero de esa manera es que me doy cuenta de los dolores de mi cuerpo. Pero pienso que cuando vuelvo a la casa, que era para mí…, un palacio que me esperaba y me recibía, por las glorias que llevaba del quehacer, de los días o de las horas ausentes. Mis amigos decía Bonifacia se sentaban en círculo para escuchar las historietas, de mi mama, un día refiriéndose a Felipe su segundo marido, señalé cundo mi marido murió fue cuando mayor cariño le puse a la tierra

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Vuelos de Garzas. novela de Victor Arias.

Emilio como sus otros hermanos, el servicio obligatorio en Altamira, pero los finales episodios los hizo en Imbert con el instructor Demetrio Cedano Suero, que luego casara con la maestra de la escuela, que construyera don Higinio para ella. Como la profesora del Anacahuita vivía en la casa de su tío. Pero Emilio comenzó a salir de noche y sin que nadie se enterara se desaparecía un día estuvo en los manantiales y otro hasta la Gotera, pasó por la Catalina, pero donde más le interesaba fue al Limón.
¿Para dónde andará ese muchacho, Lalo, y contestó de la misma manera, para dónde andará es muchacho martita…? Pero Emilio miraba el vuelo multicolor de las mariposas encima de los montículos donde enterrados a los caídos en la guerrillas del 1963, estuvo en la tumba del último del Limón, para el era la de Jerónimo Escaño estudiante del quinto años de medicina. Y bajó creyéndose héroe por haber llegado a la cumbre de los pomos, pudo ver los montículos de los muertos de hambre y de los muertos por civiles al servicio de la tiranía. Ya en la cercanía en el charco de Piedra se bañó de sea manera despistaba a los familiares, esa era la coartada del siglo. Ayudó arrear el ganado de cabras de la tía Ursula. Se detuvo cuando vio un jovencito de piel blanca, todos se preguntaban la procedencia del forastero que se bañaba con Gratelly sobrino de su madre, Emilio dejó que la cosa se calentara un poco, para intervenir sentado en una de las piedras y esperó. Rafael Polanco Clase, que era el nombre de su tío, escuchaba al blanquito con los ojos más que con los oídos, sentía demasiado dolor que hablaran mal de los negros delante de su sobrino, y de otros Pequeños inocentes. –oye muchacho, no se de dónde ha salido, ni que pata puso ese huevo, se que por tu cabello y por el color de tus ojos y de la piel te cree europeo y por consecuencia superior. A quién crees que vas a sorprender ni asustar con mojiguetas y fanfarrias del siglo xiv y del xv. Yo no cambio este color de canela y de caoba de lujo por harina de trigo gorgojeteada, por papas jojotas o por “tayotas” lívidas insípidas e incoloras, no amigo en la piel del negro hay melado y dulces azúcares hay brillo y mucha energía sostenedora de calores de soles de aguaceros y de neblinas también amigo de tormenta. El blanquito se marchaba pero al sentirse herido, tronó desde las alturas de su hamaca aristocrática, pensaba como una palma caruta. Oiga señor es que no ha oído decir que cuando un blanco corre… los negros se desgaritan, ese es el dicho. Va desgaritado como un negro y corría como blanco. Sí- dijo el descendiente de Delfo Massokú- los blancos en su correría se llevaron nuestra sangre, molieron los brazos y trituraron la cabeza, la memoria y la gloria… se robaron la fuerza de trabajo con los medios de producción y quisieron el pensamiento, pero paisano no se han podido llevar ni se llevaran, el orgullo latino indocaribe, indoamericano, ni el carácter mandingas ni la palabra, ni el corazón. Cuando Emilio volvió a la casa, su padre rezando el santo rosario en la ermita, se puso a cenar en lo que terminaban los padres, después refirió a sus padres la actitud de Gratelly con el fantasma de los blancos. Don Eulalio rió más que un niño premiado. Decir que Rafael Gratelly amaba la fuerza de la tierra sería muy riesgoso, malabárico, decir que sus manos ordeñaban las mieles de la batata y de otros frutos de las que se daban hasta debajo de las piedras… en el brinco, el riesgo sería como el primero. La umbrosidad de la comarca lo llevó a adquirir una pequeña estancia, que vendió luego al señor Rogelio Peregrín alia Cachón.
¿Dónde están mis antepasados? Los desollaron los blancos, Patria se asustó con la repuesta de su madre Ursula. Ahí están las raíces, en los cadillares y en los bejucales, entre las bayahondas, en las hamacas de cabuyas, en cueros de los tambores, en los tambores de cueros, ahí están los bohíos de tierras soleadas, en los nidos de las chozas de bambúes, en los saxofones de higüeros y de calabazas. Ya no te pueden decirte burro, negro o pobre.
Patria como nieta de Marcelina y de Delfín tuvo profunda sensibilidad por los medios por donde crecieron sus raíces y fue a los Almácigos, estuvo en Patas de Vaca y en el Pino pueblos de Santiago Rodríguez, buscaba el sudor de sus bisabuelos y el resuello de sus tíos abuelos. Buscaba los antojos de los padres de Delfo Massokú y los resguardos de los tataras… pero ahora era la mujer del único hijo de doña Feliciana Bonilla pero para satisfacer los apetitos personales se interesaba por la familia que de ella había llegado. Lo hacia decorosamente repleta de dignificacion. Se sentía ser libre que llevaba conciencia y eso le daba derecho de actuar sin que osase alguien ultrajarle mucho menos obligarla. Merecemos ser libre para sonreír al realizar cosas que purifiquen el honor de la familia y de la Patria. El honor de la nacionalidad, es un juego de mulas indomables y con honradez hago una coronilla de respeto a los antepasados como el caso de La Mea, y de Vicente Ogé. No soporto la palabra cadena ni para apellido.
La veo a legre mamá que hermoso es saludarla viéndola reír, dijo Edita que llegaba del río Bajabonico, con un cántaro de agua para llenar la tinaja. Pero, si no es riendo que estoy, simple cosas tuyas expresó calculando las palabras, estaba pensando en mama Marcelina, tu bisabuela, me sonreía de un cuento suyo. Pero vieja, por qué te queda con ese manjar sabiendo que nos pertenece a todos sus descendientes ascendientes. Demasiado quizá haya oído hablar de ellas pero no tengo nada en concreto que pueda imaginar, espero que me complazca mamá Patria, hágame siquiera una. Deja que llegue la noche que el contar cuento de día es de mal agüero, al que lo hace les crecen los dedos y se les tuercen como el rabo de una burra en celos. Y no hay n este universo cosa más fea que una mujer con los dedos culipandiados o arrepentidos. Después de bromear con su hija, y cuando Cándido abandonó la casa con la energía necesaria, inició la primera jornada de contada de historias y reseñas, de canciones y adivinanzas. Pero Patria comenzó hablando que su abuela Marcelina expresaba frases como esta para enseñar a los nietos a ablandar la lengua- “por el río abajo iba una tarabita muy tarabinculada, aquel que tarabinculó muy buen tarabinculador sería” los hijos, sobrinas y sobrinos preferían los cuentos de Marcelina y la de Delfín. La pesada máquina de la vida, pisoteó siempre la de los hombres para convertirla en dinero, dijo Silvia Henríquez, maestra de la escuela de Emergencia de la comunidad.
La fe era una fuerza que llevaba mi abuela entre sus bolsas la convertía en un ser semidivino, era para ella, una revelación que fortalecía sus conocimientos de la realidad, en las causas primeras y en el orden natural en virtud de las causas supremas y últimas, rayando con la revelación. Las hijas no entendían ese chorizo de palabras moscatas añejas cerca de la borrachera y creyeron que su madre estaba hablando de ese tema que ellas no comprendían para adormecerla y no tener que contar los cuentos prometidos. Cándido llegó para llevarse el martillo y su regla plegadiza, dijo “la ciencia que tenia doña Marcela, le servían para experimentar reglas, las normas y las leyes… esa vieja era científica, sacudía las cosas como el agricultor a la semillas, empleaba la fe, la llevaba como una corona en sus sienes y como cosecha la creía… era la combinación de sabiduría y de fe y era por eso que la vieja mantuvo, unida en tiempos difíciles, a toda su familia y a los del entorno y en muchos casos de los contornos. Mama Marcela establecía reglamentaciones, hábitos y normas para mejorar los caracteres, los modales temperamentales y simplemente de racionalizacion. Su meta era la cosecha para la mayoría, para el bien social para el bien final. Ella contaba y medía todo, de esa manera conocía las reglamentaciones del cosmo, era como si volara un vuelo equilibrado, parejo, y a veces perpendicular. La profesora que era puntual en sus visitas acababa de sentarse en la sala donde escuchaban a Patria hacer reflexiones que ella misma no comprendía el valor sicosociológico que esas horizontalizaban. También Martina y Ursula había llegado par tomar café con Candido y la maestra Morales. A Candido no le gustaba la manera petulante de saludar de algunos maestros había dicho ¡Buenas tardes concurrencia! ¡Buenas tardes respondieron!
Lo hicieron en caracol, sirvieron el café, el humo del cachimbo, de los cigarros y de los cigarrillos, contaminaba la habitación. No puedo concebir, dijo la maestra, que haya científicos que no tengan fe profunda. La ciencia sin religión es gamba, patidifusa y la religión si ciencia es bizca, tuerta y un poco más que ciega. Recuerdo que algo así lo había referido Albert Einstein, creador de la teoría de la relatividad. La estudiosa continuó en búsqueda entre papeles y lienzo y al hallarlo limpió las gafas. Los científicos utilizaran los laboratorios para el estudio de las causas últimas, de las fuerzas espirituales de la oración que aún no conocemos. Doña Patria agradeció la presencia física de la tía, y de la Maestra. La religión “es para mi un avión, un pájaro de dos alas si fallare una, el pájaro se viene al precipicio” se caería. Una fuerza científica se aleja de los humildes pero la ciencia fábrica para el mundo entero penicilinas y brebajes rurales. En el dormitorio recordaba el rostro de su madre y de su tía a quien encontraba mejorada cada día más. Anduvo encima del lomo de su imaginación navegando por los cañaverales de Muñoz, Puerto Plata, las espigas blancas de la Cohimbatora, veía también la paila de cangrejos, que aprendió a cocinar y a comer. Y recordó la carita de su primogénito y la cara de su bendecida madre. ¡Qué buena es Mamá! Pensó. Siempre lavándose las manos, limpiando la casa, poniendo el biberón en agua hervida ¡Caramba! Vio que sus lágrimas caían para refrescar el alma, sin faltarle la pureza necesitaba lavar los retortijos en los recodos de su sentimientos. Durmió hasta la seis y seis, Cándido iba almorzar ese día y los guandules estaban en la batea sin desgranar, a él, le agradaban con yuca, cocinados con cocos secos. Por eso, me levanté, si no hubiese hecho, del día una noche interminable. Escuchando canciones de Cuco Sánchez, de Toña la negra, y de Libertad Lamarque, muy de moda en esos días. San Antonio en el altar de la Iglesia miró a Candido, cuando dejó de hacer la puerta de la sacristía para irse a almorzar, los silbidos que el patrón de los solterones, y de las beatas les entraban por un oído para salirle de inmediato por el otro, quería que le prendieran las velas que una de las nietas de Santa Parra le había llevado, la Paica de apodo chicha, tía de señor Manolo Sención Bonilla, pero quien sin razón quizá fue San Juan el dormilón, por haber hallado a don Juan el Sabio, durmiendo en hora de labores… y sintió envidia por no quedarse y ayudarle con el sueño. San Pedro era diferente recibe flores y a veces oraciones que ni les agradan ni les interesan. Y si supieran que ni les importa tal vez no le volvieran a llevarle ese tipo de serenata, dicen los exegetas, analistas de la vida de santos, que ese turpen era un icono de la oligarquía y actuaba como tal, un aristócrata. Pero a San Pedro lo que más le mortifica son los divorciados. La verdad es comentó doña Martina, nietas, nietos, sobrinas y sobrinos… estaban a su lado poniéndoles las manos en las rodillas protegidas con el lienzo de Macario que Lalo le había regalado cuando cumplió los 36 años. Pero en verdad que ahora cumplía ochenta… la verdad es que no me gusta junio tiene demasiado días parranderos, es el mes de los Santos beodos, los presentes rieron hartos de ganas, es junio el mes de la corrupción, para sacarle brillo a las hebillas y estrujar los pantalones. Los bellaquerinos siempre como el Boy scout listos con su camisa y sus zapatos limpios, la soltera prendían velas san Antonio, pero al santo le gustaban las velas a colores. Las solteras o los solterones, compraron velones negros y amarillos y les llevaron dalias blancas al altar y san Juan por su lado recibía collares de cálices y de corolas de flores de mangos y de azucenas. De parte de la fiesta de los dormilones el 24 de junio, Patria la madre de Ediburga, y de Lalita asistió el 1 de ese mes a la fiesta de san Antonio en la casa de su abuela dona Feliciana Bonilla, realizaron varios bautizos y el patrón de los solterones con su traje marrón miraba a los sobrinos de Martina Clase, los aguaceros eran en junio escasos. Las nubes esa tarde 29 eran plomizas, los solteros estaban esperando caer la lluvia para bañarse en los primeros goterones ante de coger para la fiesta de San Pedro, el aristócrata del santoral nadie lo negaba. Los bellaquerinos supieron lo que en los entornos de las haciendas del señor Higinio Henríquez. En menos de cinco segundos apareció el anciano Ciro Justo Álvarez Valdez, conocedor de los secretos de lo recodos en los potreros, en los corrales de la Llanadas, en las demás propiedades. Debajo de la ropa de ese senescal había una piel sensible, la de un diplomático atento, realista y juicioso, lo mismo que capaz. Parecía que ejercía funciones de rey en la comarca y por eso manifestó –“en las velaciones, en los juegos de pelotas, en la gallera… cuentan que los buscadores de leña los martes 13 en cualquiera de las estancia de don Higinio se arriesgaban a ser condenado y sufrir álgidas y negras pesadillas, sin estar durmiendo. En algunas de esas fincas tenían breñas y covachines muy emparentadas con funerarias y huronéelas donde dormían en un saco de pista el miedo y el temor personalizado. La minoría desdeñaba hablar del asunto, pero aparece un valiente un atrevido…llegaban los buscadores de frutas, he huevos de gallinas reales, de guineas y de leña bien seca, el jueves luego del día de ceniza, Hungríita, hijo de Matutillo dijo hallaron un nido fantasmal que creyéndole de ratas lo golpearon con las mochas varios planazos y ni siquiera se movió, lo golpearon de nuevo con garrotes y con machetes. ¡Señores, señores! El árbol de donde pendía el referido nido fantasmal, se sacudió como cuando un muchacho que termina de orinar recibe un escalofrío singular, de la intensidad de un Tsunami, con la potencia de un huracán. Los muchachos dijeron que para encontrar el camino necesitaron tres días y tres horas, y que de ese fantasma salieron horrorosos murciélagos que se ocultaron en los árboles cuando oscurecía.- lo que allí vi primo hermano, era del tamaño de un ganso. Enemencino Polanco había dicho algo del mismo asunto, dijo que eran trucos de los terratenientes para alejar las invasiones, a los cuatreros y a otros malandrines según sus propias palabras. Deograciano, hijo de Despradel… presenció en carne propia, se rascaba la cabeza y no contradijo a su tío Enemencino, recordó a Faleriano Vásquez.
En la casa de doña Martina pasaban el tiempo celebrando el cumpleaños de ésta, Irene Rosario, hija biológica del señor Gabinito Silverio, hermano de Higinio Henríquez, pero de crianza del señor Guira, cuartero del central amistad, entró al patio de la casa de su padre Gabinito y vio que su hermano Meto, ordeñaba una vaca que tenia una ubre de ocho tetas, los contadores contaron, que de cada teta sacaban 23 botellas de leche, pero nadie lo creía, je, je, esa noche era 24 de septiembre, día de las Mercedes, patrona de Imbert, Patria contaba la Historia de doña Marcelina Clase a sus hijos e hijas. -Ella era una mujer maravillosa, solo que cuando contaba perdía la secuencia y se involucraba en varios asuntos después de lo de la vaca fenómeno, contaba que Guillermino Rosario, luego de morirse su mujer, permanece rezando 136 padre nuestro y 390 ave María encima de la misma piedra antes de irse a dormir, dicen que el hace el amor con su fantasma. Un día dijo Patria-cuando yo nací, creo que ya había muerto, pero mi tía Martina y mamá me contaron de ella… tengo la certeza de que era dulce en el trato familiar, imagino que no se mordía la lengua para expresar la verdad, cuando era requerida, había creado su propia hacienda de experiencia, nunca aprestó las ajenas. Amarró andullos y planchó las camisas y los pantalones de sus hijos y de sus hermanos y de su marido sin acostillarse a comadres ni a compadres… nadie, ni a algo. Esa es nuestra gran herencia, lo decía a carcajadas cuadriculadas, se la dejaré a nietos y bisnietos. Quiero que Ursula y Martina, les confiaré la transmisión de inmediato a los brotes que generen, esparzan el contenido por la sabana de los Clase y su compañía. La experiencia- decía y reía- es pura abuela de los triunfos y pienso que también de los fracasos porque aunque no lo decimos, incuso acumulamos experiencias malignas. No se dónde ni cuando lo aprendí, lo que se que es un hermoso tesoro. Ah deseo expresarles que no olviden estas otras que no se el día ni la hora que la escuché. Lo dije ya en el caso anterior, “el orden es el principio de la libertad” es una zapata para no aceptarle a nadie los amarres, los o las desordenadas es esclava, de los vientos interesados, de los azotes del vecino. ¡Pero caramba! Queda siempre algo, muchas veces tan importante como lo primero. Oye, los pobres tienen, tenemos, hambres desde que los sentimientos del deseo, no permita que sean esclavos hasta el día de su muerte. Era bello escucharle hablar de su experiencia, dijo Patria ya con sueño, era bueno para energizar el carácter y enderezaba a los patizambos. La bisabuela suya vivió en los Higos de Jicomé cerca del pico El Murazo, Teresa hermana de Andrea lo comentaba de vez en cuando, de esa, se contaba que sufría de una enfermedad muy rara, que no podía tocar cosas secas porque las quemaba con el calor de sus manos, algunas las encendía sin soplarlas, dicen que poseía poder atómicos, en las puntas de los dedos, que sólo poseen los seres bendecidos, por la naturaleza de ultra esencia emanada del centro del suelo la última galaxia descubierta. Pero mamá, cómo podía tía Teresa y la bisabuela saber esas cosas- dijo Rabel que se había inscrito en la universidad, y además es cierto que ocurren esas cosas pero el salir diciendo la procedencia es como decir que vienen del cielo. ¡Dígame usted! Pero hijo, los viejos aprendemos de la naturaleza mediante la observación, experimentamos de inmediato, luego muchacho, con el pasar de las cojas piernas del tiempo comprobamos, como no leemos los libros no nos descuidamos y leemos en las páginas invisibles de las cosas… así hablaba doña Marcelina, como un deseo que para que Ursula y Martina hicieran. Quería que sus experiencias fueran difundidas aunque fuera entre los suyos. Fíjate Rabel, señaló Patria, que tu tía Abuela Martina, pudo ser la mejor maestra de medicina, pero la naturaleza no quiso que ella naciera donde hubiera escuela donde pudiera aprender y ¿dónde le toca vivir? ¡Ah muchacho! donde los médicos que aprendieron las teorías y los procedimientos clínicos, no iban a ir. Así ese pueblo excluido, la tuvo a ella, y en otros, a otras… y yo pregunto ¡qué es Martina Clase de Santos? Una humanista que ha incursionado en lo más profundo de la vida y el arte del nacer. ¿Quién es- volvió a preguntarse Patria- mamá Martina? Una gran mujer madre de hijos no biológicos, parteriza, amante de la esencia humana. Es flor exquisita del jardín de la humanidad, dejó de amamantar los suyos para dar de mamar a los ajenos. Así era Ella, trocaba las necesidades, por los dolores de otros fue luz dentro de sus aposentos y fue farol en los ajenos. Cómo se siente Tía Martina, le dije un día a lo que me respondió, me creo que bien sobrina, era a la única persona que le decía sobrina porque le decía hija a su madre Marcelina, me siento como más complacida de todas las madres, tengo muchos años he visto morir al primero de mis hijos y tampoco de los ajenos ayudé a nacer, es fácil morir pero difícil nacer, pero estas manos no han dado muerte… no han cruzado las sendas cenagosas, no han salpicado los ruedos de mis vestidos ni los ajenos, no han sido ni serán puñales ensangrentados pero si rosas perfumadas, generosas y risueñas, generadoras de sentimientos profundos, tocaron los alegres campanarios llevando esperanzas blancas y moradas, en los aleros de las casas donde muchas veces faltaba el pan, han recorrido lomas y valles en especial en la correa verde del Bajabonico, lo sabe el mundo entero y eso sin lucrarme ni con una menta. Para el 1917, años de puertas entornadas y muchas abiertas; tenían esas 37 años, escuchaban los sueños de mis vecinos, escucharon los quejidos y los llantos de la muerte, dentro de las alcayatas de la cocina encima del planchadero, pero me senté los bordes de la cama donde juré matar la muerte, mis manos mataron la muerte ayudando a nacer, ayudando a parir, esas no vieron morir. Pero vieron bostezar los niños al nacer, al mirar la primera lámpara del alba, nacen hambriento con el nacimiento y buscan la leche resguardada en el ceno de la madre. Manuel Sención, hijo de doña Mercedes y de José de Niño Sención, que llegaba de la Universidad señalo –las manos de mama Martha, son manos jornaleras, sembradoras de perfúmes y de alegres rosas por eso mama Martha es una Jardinera, frondas han repollado en su entorno, es amante de la zona rural, escribió con sus dedos de sus manos, elegías proletarias, llevando aliento y consuelo a los hogares de paja pero construidos con amor y bendiciones, por haber cultivado en 66 años, cigotos y embriones espirituales, mariposas en las marañas y en las sierras, entre caminos y peñas de tarde en albas, entre círculos hambrientos y enfermos, entre las guerras de guerrillas sobre las contra guerrillas. De aguaceros y de matanza de gentes cazando gentes verde olivo, a la Teresa de Calcuta le dieron el Nóbel de la paz, a doña Martina Clase de Santos, por qué se lo negaron, siendo sus manos las primeras que trajeron, en el mundo occidental, 3122 criaturas, niñas y niños, envueltos en la túnica de Jesús, con la piel de pobre y las sienes cuadradas, circulares humanas… 3122 energías sin forces ahí, encima del polvo de su luna, de su estrella de su.., de la tierra. En los gramales bellaquerinos, en conucos de esperanza que limpiaban el barro de los prejuicios. Lavando la miseria del pasado, abriendo los portales donde los lirios crecen y los guayabales florecen, mientras mueren los abuelos buscando el becerro dorado de las páginas santas, ahí están friendo chicharrones, en el sudor de su piel adolorida cortada con el filo de las hojas de los cañaverales de ingratos colonos, los nietos de Martinas la proponen para mártir. ¿Y qué…? ¡Para qué! ¡Ella es el manantial de agua cristalina, que había soñado donde bañar las piernas vírgenes del pueblo! La proponen, los nietos, como Senadora, para fabricar las normas y leyes de protección a las mujeres explotadas, las hijas ultrajadas, luego de la muerte del tirano en 1961, los Quisqueyanos entraron a una nueva órbita del universo nacional, y sancionaron para presidente de la republica al más honrado y democrático de los presidentes de indoamérica y del caribe.
Doña Martina reía de felicidad, el día de la madre, cuando sus hijos unieron los centavos para comprarle un radio y pudiera escuchar los discursos del nuevo presidente, lo que no cruzó por la “loca de la casa” de la comadrona, que ese radio que le había dado felicidad, que la hizo reír oyendo los discurso del partero de la democracia en el país, ahora sirvió para llevarle las malas noticias del golpes de Estado. Ese mismo aparato dos años después hablaba por los hechos heroicos de abril primaveral, recordaba la invasión de Luperon, y la de los Barbudos de 59, se enteraba de los sucesos de la guerra, pero también de los crímenes de las Manaclas y de los jóvenes puertoplateños que cayeron en Los Pomos y El Limón. Martina igual que Eulalio, tuvo su perfil misterioso, los que la intimidaron del lado de la política cuentan que a partir del 28 de noviembre del 1963, permanecía encerrada ese día por más de una hora… para oblacionar a los caídos en aquellas cordilleras nacionales junto al líder guerrilleros Manuel Aurelio Tavárez Justo. A decir de la señora Fica Santos, sobrina de Lalo. Eran una yunta, todos los años, la pasaban ese día recordando hasta por los apodos los nombres de esos mártires dominicanos… escuchaban los nombres Chon y de Cachón, de Hierba, pero a Jerónimo Escaño lo mencionaban más que a los demás y lo hacían con sumo empeño y entusiasmo. También a Arcenio Escaño. Se creyó que tuvo atracción por la política, pero lo que en verdad amaba era a la justicia, amaba al profesor Bosch, y por Tavarez Justo, escuchaba las noticias aprendió nombres de lugares, comentaba en la enramada a sus amigos nietos de los Frentes Jiménez Moya, llegó a equivocarse cambiándoles las lomas, de las bases, de las Manaclas, del Mauricio Báez en Michez, de la Berrenda,
Del Ventura Simó, dime Eulalio ¿dónde queda? Eulalio se movió en el espaldar de la silla, tragó saliva con humo para decir- la loma donde estaba ese oficial de los alzados, se llama La Norma, en san José de Ocoa. Del Francisco del Rosario Sánchez, es de loma Bahoruco Y en Enriquillo. La gente comentaba que ese encerramiento era por el eterno descanso de las almas de Juancito y de Nena hermana de Lalo, eran floristas y cultivadores de hortalizas muertos por manos negras, para quitarle los centavos que ella y su marido llevaban de la venta de rosas y de jacintos, flores y de hortaliza. Somos amigos de Lalo tenemos los mismos apellidos, somos parientes y arientes, pero hermanos no somos. Sus hermanos son la difunta Nena, Francisca, Rita, Guinche, Alfredo, Presbiterio, y Anselmo Santos. Así hablaba Presvipá.
El sufrió la muerte de nuestra hermana, Martina por igual. Dijo Presbiterio Santos, le decían Presvipá, sabía de todos, tenía buen trato para todo el vivo, preparaba el bebedizo con zumo de la raíces de anamú, le ponía sen y menta. Le añadía ajo y sábila. Con eso curaba la sífilis, la gonorrea en particular, era un nagual de primera, los gallos suyos siempre ganaban.
Doña Martina llegó a asistir a la vela de los Santos Inocentes, que ese extraño individuo hacía. En la madrugada subía por las pencas de los cocos, haciendo de monos, sin temor al vacío y a la gravitación universal de los cuerpos. En esa misma velación y en otras colmaban de fantasía el lugar, los escenarios haciendo más atractiva y llamativos os actos y las asistencias. A la propia Martina, que era su cuñada, con la imaginación, creándole a su alrededor auras propias de seres desconfigurados, decían que era un toral, que era un zombi adquirida en Juana Méndez para que la fiesta de Santo Tomás fuera la más concurrida, mucho más que San Antonio… esa no era la verdad. La fantasía popular con ella no había sido justa, ya que doña Martina estaba por encimas de ese limo hediondo y muy fangoso. Fue la autora de las letras de varias canciones infantiles, como el piojito y la pulguilla, y de la gallinita culieca, cantada en Méjico y en Venezuela como suyas. Composiciones hermosísima hechas para endulzar a los niños y niñas de las aromas y de Guanábanos, sin embargo en Bellaco recibió premios, halagos y elogios de la profesora Elsa María Morales y del profesor Montan… En los partos realizados esa mujer era la mano del corazón de Jesús, ponía en cada parto un acto de belleza, ponía poesía y la llevaba al conuco, ponía el dulzor mandingas; figúrate que, que hacía soneto de pies forzados. ¡Es fácil! Un hijo de Bolito Kao, experto improvisador de décimas, comentó de nuevo, -eso es lo que decimos. A Martina deberían entregarle un Nóbel, a muchos de lo han regalado sin haber hecho absolutamente algo por la gente, como élla, que en su mente… tiene un letrero en la frente, que dice “Primero la gente” todo el mundo sabe, que muchos premios lo compran o lo adquieren enseñando las rodillas y otros por que las llevan peladas de tanto ponerlas en el suelo orinado.
Juano Ñeña que tenía un tizón en la mano derecha dijo- nadie desconoce que las manos de mama Martha fabrica los alimentos, que cada dedo era dueño de un menú, con Maíz hacía 198 platos, con sabor diferente, con el plátano, je, je, hacía más de 186, a uno le decía platicena, hecho con virutas puesta al sol, hacía manisico de arroz, del rulo cuadrilongo o cuatrifilo hacia, un manjar con mostaza y Aniceto. Los versos de mama Martha eran esquejes de yuca siete mesinas, que con mover las catibías como si los recitara, se convertían en exquisitas empanadas, las hábanas de batatas eran pareados, unidos a tortillas de quesos blancos y amarillos rellenos de culantro con perejil y pizcas de jengibre… al recitarles esos versos a la parturienta en niño salía bostezando y con deseo de abrir los brazos a la realidad Bellaquerina… te recuerdo que Bellaco es el pequeño arroyo donde Martina encontró a Hipólito Crizóstomo, quien le ayudó con el saco y ella está esperando la guabina que le prometió llevar de regreso… jo, joc, jijiji! Ese manjar de día o en la noche, al amparo de las lámparas de aceite de higuereta, los versos… eran capullos de hermosas rosas rojas acompañadas de tijeras de amores con las que cortaba los puentes cordones de afectos entre la parturienta y la partera y las criaturas. Los asistentes a la vela de Santa Tomaína, de los Brincos y de los Saltaderos, dejaron de hablar de doña Martina para dar inicio a la siembra y cosechas de plenas, zumbadoras… tumbadoras y palos. Los que en la falda del altar amantando las tetas a las adivinanzas comían mentas de frutas, manís tostados panesicos.
Para la muerte de Patria Peña Polanco, los compadres suyos les decían trepé, el sol huyó de varias nubes luctuosas, que se encaminaban a la residencia mortuoria, para llevarle a los dolientes las más expresivas condolencias, se ocultó en los predios de la Medio Luna, para informarla del infausto conocimiento, había dejado de existir la madre, la hija, la mujer, la compañera, en fin la hermana, y la sobrina y la vecina. Cándido se manifestó acongojado al ver entrar en el ataúd el cuerpo de una de sus mujeres, porque como a Martina Silverio y a Gloria con la que era casada por las reglas católicas; llegó amar con ternura y arrojo, pero esa sensación se le trocó en soberbia casi animal, cuando le dijeron que en el patio había un desconocido poniendo una mesa de juegos de azar, sin que nadie lo sospechara llegó al lugar donde el extraño individuo movía las fichas llamadas las coloraditas, tenia el machete en bandolera en el hombro derecho, ya en la mesa había recuperado su normal compostura, escuchó que decía- Vamos diga usted, dónde esta la coloradita… Cándido absorbió litro y medio de aire contaminado de humo y de catarro, y con la lentitud de un difunto puso las manos encima de la mesa de juego, sin que el dueño de las fichas se diera cuenta, ya las tenía en el bolsillo derecho, de la camisa de la camisa. Cuando el traficante proxeneta intentó moverse, el señor Silverio soltó un golpe con su machete Collims en el hombro del agresor, y se lo llevaron de su lado. Comenzaron a dar comida como era costumbre en las primeras décadas del siglo xx en nuestro país y zona de indoamérica, servir en la noche los pecados del difunto, de esa manera la gente acudía hasta la hora de llevarlo al camposanto.
Doña Ursula la madre de Patria, recibía el pésame con calor humano, de simpatía y de sinceridad. Doña Martina y las hijas y parientas de ella lloraban en silencio. Fuera se oía que decían:-- ¡Ay, ay, ay, mi hija… mi hermana, mi prima. ¡Ay madrecita mía te fuiste, y ahora a quién le pediré consejos…! Esos pesares y hondos lamentos herían el sentimiento de Eulalio que desde que se llevaron el proxeneta jugador fumaba cigarros, que una vez le regalara la difunta. Esos lamentos laceraban el alma de los hijos e hijas de la extinta madre, la maestra Elsa recitaba en silencio los versos siguientes:- “junto a una cruz al expirar el día/ una mujer buena sus lágrimas vertía/ dolió a mi corazón su amarga pena/ y ante la muerte de la madre ajena/ lloré la muere de la madre mía.” Al terminar se acercó al menor que se llamaba Gaspar y le dijo –ven vamos a ver los rayos de la luna.
En el cementerio estaba Gaspar aún al lado de la Maestra, pero al ver a la señora Feliciana, su abuela, corrió y se le arrojó a sus brazos. Don Higinio la acompañaba, también lo agarró, pero del bracito izquierdo. La señorita Morales estaba libre para iniciar con las palabras para despedir a su amiga Patria, la que fue su confidente…
-cuando miramos un jardín sin importarnos el color y tamaño de las flores, generalmente vemos un jazmín o una rosa, y si es en un potrero ahí vemos una res, o el perfil de una mata que nos da la sombra, o ciertos elementos que nos sirven sino para alimentarnos… si miramos el rostro de una mujer vemos el retrato de la madre, símbolo del sacrificio, del dolor, de la abnegación. No existe una madre que no sufra, esta sociedad ha sido injusta con lo más grande y más nobles de la creación. La madre de esos lirios y de esas rosas que entre su huerto germinaron y crecieron de esta jardinera, los deja entristecidos, solos pero el amor que Patria, aprendió de Ursula, su madre y de la tía Martina, son tijeras que como lámparas disipan las brumas os finalmente manifiesto, se detuvo para secarse el sudor y las energías espirituales del fondo de la paz y de la gloria. Venga deje que la lleve al altar más hermoso de los cielos y pueda descansar en los almohadones de la felicidad de los siglos. Los pañuelos que no habían sido usados salieron de los bolsillos para secar ciertas lágrimas en los rostros de amigos y parientes, Cirilo Clase estaba entre los que se lo dejaron en la boca para no permitir dejar salir la congoja… sintió vergüenza porque el suyo era color púrpura, por eso abandonó el lugar sin que nadie se percatara de tal acción. También las nubes que estuvieron cuando Cándido aperrió al proxeneta jugador, sintieron vergüenza y cambiaron de blancas a plomizas. Cecilio llegó donde estaba Lalo, que estaba enfermo con dolores estomacales. Le preguntó- ¿cómo se halla, papá? ¡La bendición mi viejo! Estoy tumbao como una palma vieja. Se sentó en el borde de la cama. Cuando se entero que era Cecilio su hijo menor, el que le echaba la bendición. ¡La ayuda de dios caerá sobre ti, hijo mío! ¿Para dónde estaba, muchacho, a esta hora? Vengo de enterrar a mi prima Patria papá, mamá quedó con tía Ursula y los hijos de la difunta. La maestra Elsa dijo palabras que extrajeron muchas lágrimas de peñas y pedregones secos por siglos, ¿comprende usted viejo? Claro que comprendo Cirilo… hay personas que no dejan caer, sus lágrimas como viejas rocas del desierto, sin embargo una pequeña lagartija le orina en los párpados un día… je, je, je, se que no es para alegría el momento, pero posiblemente sea llorando que esté como esos. Mi tristeza creció, dijo Cirilo, al mirar a Gaspar pegado de la falda de su abuela Feliciana, la madre de Cándido, y me llené de imágenes y de pensamientos que, como peregrinos entraban por las puertas de mis sienes como espectadores y actores, viendo una tragicomedia. José de apodo Barba, que entraba a la ermita donde se hallaba Lalo conversando con su hijo, cargando en su espalda un racimo de guineo maduro y varias mazorcas de maíz verde todavía en condiciones para comer hervido, expresó: supe que a la niña Edita hubo que desprenderla de la cruz que clavaron sobre el sepulcro de su madre, porque se negaba a marcharse sin ella. Cirilo miró a su papá y afirmó con un movimiento de cuello y la cabeza. La agarraba con tanta fuerza que dos veces la arrancó. Leía 13 de junio de 1958, miraba la foto de su madre como si estuviera abatida.
Esa niña llevaba la flama de las revoluciones su nacimiento coincidió con la caída del gobierno de Jacobo Arbenz, en Guatemala en 1954, le tenía grandes afectos a su tíabuela Martina, cada miembro de la familia Polanco Clase, Clase Polanco, Santos Polanco; Santos Clase, es un arista de arco de poder en los Barrancos en el valle de primer patrimonio acuífero de mundo americano.
En esos mundos de sábilas y de lágrimas de burras, de penca de tuna de España, de lengua de vaca, también se come, se duerme y se piensa se escuchan los cantos angelicales del cielo. También en esos mundos de pasiones y de emociones, entonan serenatas en las ventanas del amor en la sombra de las noches de luna lívida y pálida menos que doliente. En esos rincones se izan las banderas del purgatorio evitando abrir las salas del infiernos donde duermen cocodrilos y camaleones acompañados de cerdos encorbatados y serpies tomando tragos.
Con el crecimiento entendió la naturaleza del arco familiar… Polanco Clase, Clase Polanco. Al año siguiente de la muerte de su madre, los familiares estuvieron en el responsorio de la misa, fueron a la misa de la iglesia San Antonio. Higinio y Eulalio continuaron celebrando el 13 de junio y el 20 de diciembre, la fiesta a sus santos correspondientes. Los negocios del primero se multiplicaban, visitaba a sus amigos, siguió escuchando los cantos del gallo y de las gallinas en los entornos de sus estancias y haciendas. Contrataba nuevos jornaleros, lo registraba en el libro del Santo Patrón, siguió cedaceando la semillas en vasijas invisibles y cocinando entresijos en bacinillas para los perros, cancerberos protectores de los escudos y los candados de los abanicos de cerros, de cerro negro en los Antolino, la Llanada, en café Los Cándido, la visión imperialista del señor Higinio, ponía a pensar de pie a la cabeza. Llegó a creer que los vecinos eran sumisos, su esclavos… pero corrigió ese parecer. Pero podía simplemente ser su aliado…lo que nunca permitió don Higinio, que sus Senescales empujaran en la noche las empalizadas de los entornos y aleros de las fincas suyas. Para agrandar los linderos de sus haciendas. De esa manera inicua, mejor dicho incorrecta, aumentaba sus poderes y sus dominios.
La alegría era reina otra vez, en casa de doña Martina, para el inicio de los alboreados recortaban papeles, papeles rojos, azules y blancos que colocaban desde el portal de entrada pasando por la ermita hasta la enramada donde se bailaba. Lalo tenía parecido con Tutankamn, sus entornos aureados de la familia radiaban parecía un sol verdadero que siempre estaba despierto, que no moriría, a pesar de que era un hombre de raíces y tallos… algún vivo no se atrevió a equivocarse creyendo que era un roble, una mata de Guayacán o de caoba, nadie lo confundió con el maíz o con la caña de azúcar… era un roble, un tronco para la búsqueda de tablas, tenía bastante madera. La mayor alegría suya la generaba la asistencia de los hijos y de los nietos a las festividades. Luego de cenar reconocía a sus nietos los fue llamando uno por otro. -¡Pedro! ¿Tú eres Vargas? Sión abuelo. Dios te bendice por mí. ¡Sergio a ti que te libere del mal! Henry, a ti del miedo, huh, huh, huj. Iván de una mala mujer, Joel de los malos negocios. Fredy de los caminos fangosos, salpicados de mieles amargas. Pero a Gabino que dios lo libre de una larga enfermedad. A ti hijo de tener más, expreso al término de exhalar el humo blanco de su pipa negra. Cirilo se abrazó a su padre delante de sus hijos dándole el ejemplo de amor al progenitor. Sentados en la mesa Emilio y Demetrio lo esperaban iniciaron una partida de dominó. Estos dos hijos fueron tímido con su padre, Adelaida llegó desde Montellano, Ana y Ramona María ayudaban a su Madre en los asuntos domésticos Paula era la única que tenía el apellido de su padre delante de Polanco. Mientras jugaban hablaban hasta de la muerte de Rafael Trujillo, de Patria la hija de Ursula, de la tía Nena y de Juanito, en fin hasta de la que morirían en las próximas décadas, Demetrio agregó- a Juan Ceron, empleado de la finca privada “Los atardeceres” del señor Aristarco Dorrejo, en Angostura de Imbert de Cabía, lo mataron en la cárcel, cuando se fugaba. Estuvo en prisión en la fortaleza de Mao por haber convertido en leños las extremidades después de haber matado el hombre que halló robando un racimo de plátano es la referida finca. La carne Leña, la introdujo en un horno
De carbón que estaba construyendo. Emilio que se negaba a hablar de cosas de horrores, dijo que lo que habían hecho con el hijo de Cacao el hermano de Tomas Nina, es cosa del infierno, pienso papá, que no recibirá perdón ni del pecucio. Eulalio se dobló caja blanca que fue lo que sucedió a esa gente, que no recuerdo. Recuerde papá que, lo mataron a palo porque tumbaba racimitos revejios y naranjita petisecas en la herencia de los Pérez... la mamá se llama… ahora no recuerdo, pobre familia esa, si hombre sí, ya recuerdo a Sebo, sobrino de Flora García. Su nombre es Casiana Pérez. Ese día hijo lloraron hasta los chinchilines y los murciélagos. Las vacas y los cerdos corrían y rumiaban, parecían dolientes de Severo, saltaban en los corrales de los contornos de los Henríquez. Las vacas se negaron a ser ordeñadas, era un solo espanto, daba terror y miedo viendo a los caballos levantar las trancas de los portales y los gallos en la madrugada de es día dejaron de cantar. Contorneando la voz señaló, bueno, bueno -bueno… alargaba las últimas silabas, bueno… si no cambiamos el árbitro esto se jodió, después de la muerte de mi hermana Nena, mataron al señor Nicolaso Cuevas. Los jugadores dejaron de hablar. Cambiaron de tema, luego fueron a comer, Paula tenía rato buscándole para ir al comedor.
En la mansión de los Henríquez, don Higinio mandó a la señora Ángela Silverio a encender velas en las entradas de cada vivienda y de cada portón en los entornos de sus propiedades. Desde la casa donde vivía Emilio de la Rosa, cuando la señora Ángela le preguntó el sentido de las velas respondió –quiero que crean que me he vuelto loco, con esa misma calma llamó a Bumbo y le dijo – quiero que a partir de ahora se encargue usted de los gallos y que Juan Larguito ocupe la carnicería porque José del Niño, Sención sale de vacaciones. Nadie dijo algo y se hizo así. Justiniano Silverio acaba de sentarse en la sombra de la mata de mangos vizcaínos inició el recorte del pelo del jovencito Aquino Emilio, al término pasó para la casa de alto donde don Higinio le esperaba… justificaba sus medios sin herir los elementos constitutivos de la naturaleza, cuidaba la morales, las amistades y las raíces filiares eran sus mejores cartas de usos con las que triunfó. Sabia que Felipe Nan, era también como él Silverio, cuando le convenía le decía primo otras veces sencillamente Felipe. O primo Felipe según la necesidad, y de los intereses, igual con Teo Lango que eran Primos hermanos, también lo trataba por los lentes de los intereses.
Justiniano estaba seguro que lo había llamado por asuntos femeninos, en lo que él era graduado con excelencia, experto en ruedos y cinturas, en cuellos y faldas, especializado en los centros los académicos de la cuenca del Bajabonico, primer santuario acuífero en el continente conquistado en el siglo 15. Oiga primo Justiniano dijo sosegado Don Higinio deseo, se encargue de que me llegue el perfil de la muchacha aquella, de la que hablamos en el entierro del primo de Juan de la Paz, amigo Justiniano te conozco que María Liandro, tu mamá. Me gusta y tu lo sabes, beber en jarra limpia, y si el jarro es nuevo mucho mejor. Justiniano era barbero de niño, de inmediato comprendió las propuestas del patrón Higino, por eso sólo dijo: entiendo y expresó luego que a los muertos les echan las últimas libras de tierra al hoyo y los novenarios finalizan jamás de ellos se habla, fíjese indicaba el conteo de los difuntos en accidente… y cuando decía, el cuarenta y cinco, lo mandó a callar… don Higinio conoció para el barranco donde iba el barbero, y que terminaría diciendo que la muerte de Juan Cerón estaba coneja con los compromisos de los latifundistas y terratenientes de la región. Pero Justiniano conocía de los secretos de Higinio, sabia de los intereses soterrados de este por las comadronas de la comarca donde tenía alcance políticos, pero Justo sabía también conocía de poder de doña Martina para impedir las influencias sino maléficas políticas económicas de patrón de las viudas, de los viudos, de los beatos y beatas. Luego de la muerte de Francisca Muñoz, de apodo Pancha, esposa de su primo Llivo Medina, recurrió a los favores de doña Martina, su única esperanza para parar tantas tragedias. Doña Martina de Santos, aprovechando el día de la fiesta invitó a los ahijados para participar en un junta y en un convidatorio, o tornapeón en jueves santos. Según llegaban los llevaban a la enramada de los aparejos. –soy como mi marido aprovecho que están de vagos y me ayuden a preparar los canteros necesarios para cosechar auyama de la no rastreras, ají, molondrones, repollo y tomates, lechugas y algunas otras hortalizas. Los concurridos contaban a su madrina, los secretos para entrar en la casa de don Higinio a laborar sin sufrir algún percance. Hay que santiguarse diecisiete veces y decir alrevés el padre nuestro, arrodillado en el altar de la iglesia san Antonio, en otra el poder se desintegraba, pero todas esas musarañas ocurrían luego de estampar su firma en un libro rojo, hecho en hojas plátano o de rulo cuatro filos, parecen de sedas aquellas hojas, son impermeables no se le pega la pulilla. Hincarse nueve veces en un círculo triangular. Bueno el que no quiere creerlo que no lo crea. Yo lo vi, cuando mi abuelo Ciro, lo hacía. Yo oí que mi tío viejo Fafa lo contaba en la vela de san Roque, donde Castrina comadrona. Para sellar el compromiso de trabajo había que sembrar nueve matas de plátanos de la llamadas hembras, 300, juraban que los primeros nueve racimos serían para el sancocho de la fiesta de San Antonio el 13 de junio.
Los compadres no estuvieron enviaron a los ahijados, tuvieron intereses de hacer una tumbita en el fundo que había sido del señor Delfín en tiempo de Venancio, de su padre y de Marcelina.
30 de mayo de 1961, día de la libertad 3 años después de la muerte de Patria su sobrina los primeros en ocupar asientos fueron Polito aquel que no le llevó los peces…, José Gil, José Barba, Gustabiño, Cabito Suero Y El “Vale Cao”, los hijos del señor “Come Huevos”, y “los de Comadrita” los de “Matuto”, los de Isabelita Polanco, los de Estebanía, y Enemencio y Despradel acompañados de los suyos correspondientes. Cuando los ahijados se marcharon, Eulalio dejó el santuario y llamó a la esposa para decirle a media voz estoy seguro que hiciste esas juntas con los hijos de tus compadres para sacar la congestión que te atosigas y así romper las tentaciones en que has estado en los últimos años. Primero 1958, muerte de tu sobrina Patricia, 1959, muerte de Faleriano Vásquez y mi encerramiento, la dolorosa pérdida del brazo de Santico Mieses, 1963, la muerte de la democracia, el golpe de Estado al señor Bosch, matanza de la Manacla, y del Limón, muerte de Manolo y de 14 catorce acompañante. Es muy doloroso ver caer al gran árbol familiar, hojas por hojas, pedazo a pedazo, sin poder hacer nada, ahora la muerte de su hermana Ursula, pienso que es buena tu observación pero nuevos árboles crecerán, se profundizan, con la misma fuerza del huracán Zenón, pero Eulalio, nunca es podido ocultar mis emociones mis emociones cuando he tenido que huir he huido y cuando ha sido de reír he reído, a veces he llorado sin conocer la o las causas, no puedo esconder mis lágrimas, me siento mucho mejor, pienso que has sido tú, con el bálsamo de tus energías espirituales y de tu entusiasmo, con la savia dulce de tu alegría, la que me has curado. Sí, aclaró de nuevo y, dejó la cama colonial de caoba, abrió las ventanas, el aire le encintó la cara, se la cubrió de rosada emoción, principio de vida, el aire es un Dios, de los tantos que en la naturaleza abundan para aliviar las penas de los engendros de las energías negativas que como perros lambiones pululan las callejas y triíllos rurales. No estuve en centro escolar, aprendí con Elsa María, la maestra a respetar la naturaleza.
Cinco de mayo de 1964, han ocurridos hechos, que ningunos podemos controlar en cambio nos afectan en las relaciones de cada individualidad, en los linderos extra e intra familiar. Quién te dijo a ti que fuera la maestra Morales, cuando Elsa María llegó a la escuela hacía ya mucho que Delfín y Marcelina te habían educado… eres una buena alumna, aprende con particular seguridad, si no que me digan cuántos médicos de América han intervenido para darle salida al mundo a 2300 vidas o como tú que ha pateado a 3300 parientes, coterráneos, paisanos pobres como nosotros, eh, eh, eh… ya lo hemos repetido sin que ninguno hayan muertos, tampoco a las madres, que lo contradigan los enemigos de las Parterías rurales. El señor Santo dejó el asiento y continuó hablando con expresiones de triunfador. Y como si Martina se lo ordenara con el pensamiento vino con un jarro de café como una cachimba humeando. Le entregó una jarra a ella, y arrastró los dedos entre los de ella dejándola excitada para siempre. Cuidado con los cielos de la boca, je, je, cuidado con los paladares, jo, jo, ju… rió como un dorsukú.
-Ven siéntale a mi lado -dijo ella, tenemos que poner en blanco muchas cosas que desde hace mucho vienen mortificándome, me muerden la paciencia. Y si no la hablo contigo Lalo puede que se me pudran dentro, no quiero ser partera de criaturas irreales, y menos que me encamino para el banco de pensiones…
-Jo, jo, je, je, se rió desde su sillón don Eulalio con ardorosa energía y emoción expresó, tu si es verdad sabe decir las cosas, reía con la garganta y los dientes parecía que las palabras eran granos de maíz molidos, salían ecualizadas al reírse, ji, Ju, ja,jo huuuuh, el humor corría esa tarde por las patas de la cama de caoba colonial. Su rostro se veía iluminado, sabía reír entonces ella se aproximó a donde se hallaba aún sonriendo. Ya en el dormitorio comprobó que en la ventana había olor a cerdo, a pocilga húmeda. Vio que sonsoneaba el trasero, dando perspectivas de un cochino alegre sería que oyó a los esposos reír. De quién será se preguntó, viene de lejos, sonrió al recibir el jarro repleto de café como una humeadora, esta vez. Cuando le contó a Eulalio lo que vio por la ventana cayó en la cama arrodillada, el escalofrío humedeció la sábana de la cama, la habitación se perfumó con un flujo escatológico como salido de los sepulcros de las boñigas infernales. De dónde habrá salido se preguntó, no creo que haya venido del vecindario. Desde la mocheta de la ventana Eulalio dijo son verdad, qué me iba decir vieja, observó. En la oficina de… don Higinio hay un libro rojo donde anotan a los solicitantes de empleos y que al juramentarse como jornaleros suyos el pedacito donde queda estampado el nombre del aspirante… se destiñe, ¿lo sabía Lalo? Haciendo honra a la verdad, nunca había escuchado algo tan fantasioso. Lo que he advertido en verdad es, que desde la inauguración del camposanto, con el entierro de Justo García, han sucedido muchos casos extraños nadie conoce a cierta fe por qué existen tantas coincidencias. La muerte en accidente en los hogares, de la mayoría de los parajes, de los dos municipios donde Higinio tiene intereses, han sido trabajadores de las hacienda de la Compañía doble H, de eso puedo hablar. Hasta la octava generación han sido afectados y yo se lo confirmaría al mismo dios, dijo sereno Eulalio Santos, sin intención que no sea la de eliminar las brumas, y sostener las honras ajenas, mi pensamiento como las manos tuyas, es noble y limpio, Lalo garraspeló, luego tosió movía la cabeza se fijaba que su mujer estrenaba un nuevo perfil con un nuevo peinado, que producía contraste positivos con la blusa blanca que su madre le regalara el día de su boda, la falda verde hacia juego con los zapatos de igual color bajando el tono chocolate de su piel caoba, así le encantaba verla. ¡Qué bueno, qué bueno, que te curaste! Y el tono le pareció a ella en La, a ella le gustaba oírle hablar de los sucesos de los entornos de los Guanábanos, de Trejo de los Vientos, de los Llanos de Pérez, de las Aromas y de los Bonilla. Morones y Silverio. Así mismo de los pueblos rurales, que son las ruedas, las baterías y maquinaria que enrumban el progreso a los dos territorios. Martina se sintió halagada con su actitud, tomándole del brazo y del talle como cuando fueron novios. Su espalda se erizó su corazón se movió mas rápido que de costumbre, envió mayor cantidad de sangre al cerebro, y como mujer se creyó una adolescente, la energía de su Marido la cambia a la juventud, la llena de lozanía, lista para amar y ser amada.
En la estancia de los Henríquez Bonilla, era diferente, la llegada de los hijos de Paria y de Cándido, era como si un caño del Bajabonico hubiera decidido entrar por la mansión para llenar las vasijas dejadas por los que se habian casado o marchado a otros lares como había sido el caso de Chanito, hijo mayor de la señora Gloria y Candido, o de Aquino y Rigoberto que se habían casado en ese año. Higinio dio calor a doña Feliciana, no podía esperar otra cosa de El, ha sido siempre, muy padre hasta con los hijos de otros, pensó pero continuó el rezo, de los salmos 123, 93, y 91 los leía antes de la siesta, entendió que parecería de neófita, si no comprendía que el árbol el poder familiar, las aves eran los huérfanos, los granos los alimentos. Continuó razonando y rezando, ella era así, calculadora y pragmática, también el señor Higinio lo era, así lo entendía, lo era, lo hemos señalado en múltiples ocasiones. Dando muestras de amor por los familiares de su esposa cuando se casaron no tenían compromisos con otras familias ningunos de los dos lo negaban antes aunque en los árboles plantados por Cándido se anidaba la confianza con la flor de la comprensión, la responsabilidad, negar que sombríos nubarrones azotaban los ramajes de algunas de esa siembra sería un conocimiento de las perogrulladas más transparentes que se cocinaba en horno alguno era una muestra fue el descenso del padre sembrador de la señalada familia. El 24 de diciembre, año de compromiso con los hematófagos, que no se sacian de beber en las venas del corazón del pueblo. Cándido bebió de las aguas del santuario acuífero, y la corriente lo asfixió. Higinio se arrodilló en los duros bancos de la iglesia sanantonina, oraba los misterios escondidos, san Bartolo y san Antonio se asuntaron al ver que caían dos granos de lágrimas llenas de brillo quizá fuera por la luz de los ojos redondos del Patrón de los divorciados de los beatos y de los viudos… una voz muy baja dijo, mientras muchos, me consuela saberlo, en la capital de la república, dejaron caer sus sangre, aquí dejamos caer las lágrimas encima de nuestros muertos, en otro tipo de guerra. Los hijos de Patria estaban marcados perdieron la madre y obtuvieron la abuela, la atención de la Paterna, perdió a la materna, la pérdida del padre, quizá para ser protegido por el padrastro y la abuela, perdía al hijastro y ganaba a los nietos de la esposa. En los predios Bellacolitanos la muerte del padre, de los hijos de Patria, estaban atentos, los jugadores de barajas y de gallos, de dominó, y de lotería iban en las mañanas de los domingos, al patio de la carnicería de Gabino Silverio a escuchar la lotería, en el radio de 4 pilas. Otros aficionados a las contadas de cuentos y anécdotas se apiñaban en la enramada, en la sombra gigantesca de la jabilla milenaria, más cerca del río que de la casa del hermano de Higinio Henríquez Silverio, era hora de competencia para ese día narraban pequeñas historias reales, en la correa del estrecho verde valle del Bajabonico. Negro Sosa, invitado para participación estaba ahí con su cachucha limpia color amarilla, era aguilucho.
Mi historia es algo real- manifestó, Negro Sosa, quien mira a todos los lados y se agarra la cachucha, con el pico hacia atrás—yo venía, esa tarde, del ingenio día de san Pedro, 29 de Junio tenía urgencia por llegar para asistir a la fiesta donde don Benito García, me arremangaba los pantalones en los pasos de Félix Sención y no he dado el primer paso cuando oí los ensordecedores disparos de fusiles Máuser, se escucharon gritos unidos a los disparos que se acercaban opté por sentarme en un tabuquito de ahí lo oía con mayor claridad, me sorprendí viendo al señor Angelito Sención que corría con un grupo de cinco soldados entraron a la propiedad de caña plantilla, del señor Félix Sención Cabrera, corrían detrás de un Barbudo guerrillero, que según los que ocultaban la realidad de los hechos, había matados a tres soldados de la tiranía, al guerrillero se la trancó el arma y se entregó a los persecutores levantaba un pañuelo blanco como prueba de rendición, y no se detuvieron, pude ver que los guardia se quedaron duros como estatuas de piedras, el guerrillero hombre de una fortaleza física lo embrujó. Fue cuando Angelito Sención llegó con el señor Florencio Trejo, para quitar el maleficio que el barbudo había echado a los civiles y tres soldados convertidos en rocas húmedas. Entonces sin muchas preocupaciones, dijo- ahora lo pueden apresar. Luego de acribillarlos como a un guayo, el tal Angelito Pichardo Sención, veterano del ejército de los primeros 20 años de tiranía, le bandeó la barriga al muerto, con una bayoneta de reglamento de uno de los soldados petrificados que aún temblaba y secaba la humedad que tenía en el ruedo de sus pantalones… el soldado violado tenía en sus intestinos varios pedacitos de mangos verdes, un señor muy joven aun le cortó la mandíbula para sacarle un molar de oro y un colmillo de plata muy blanca. Continuaron con las anécdotas y pequeñas narraciones como la muerte de la hija de Miguel Bonilla, sobrina de Feliciana Bonilla, en el central amistad, en esos meses se habían mudado al central amistad buscando nuevos horizontes, el matador, dijo Campeón –era su novio quien dejó el puesto llevado por las energía diabólicas de los celos y con el primer disparo se llevó la puerta de salida de la casa, con el segundo, lo pegó en la puerta de entrada, y un tercero lo colocó en las sienes de la mujer que decía amaba con locura. Parecería, dijo Severino, hijo de doña Dolorita Henríquez, hermana de Higinio, que las alas del mismísimo diablo se movían, de alguna manera los que se mueren en un diámetro de 15 kilómetros cuadrados, están ligados de alguna forma al correo de la comunicación Henríquez Bonilla. O al de Martina o de Eulalio. Escupió rasgó un palito de fósforo permaneció por gran espacio fumando las horas dispusieron de los minutos para los cuentos de sustos y de dolor, para los concurrentes todo era realidad. Que conste—dijo negro-- que había agotado el turno de Guanábano, yo lo vi colgado de una ramita de aguacate, se llamaba Juanito Silverio, primo del marido de Patria la hija de Ursula. Estas cadenas de muertes horrorosas, de escenas dolientes casi interminables corrían encima de las erizadas pieles ríspidas achicharronadas de los cañeros. El miedo rugía como un toro encelado pero hasta el lo sufría por estar ante la puerta del infierno donde los cuerpos accidentados, desde el central Montellano y amistad, en temporada de zafra y de reparación, estableceríamos que las deudas bajo en manto de la usura no le estaban llegando a san Ambrosio. Pero a ellos lo que le interesaba era ver su burra parida de trillizos, no le importaba que muriera a madre. Tampoco le importaba el rabo lo que le interesaba era la gurrupéela. Le entregaban uno al santo de las misas negras. No le importaba la burra coja o Cinquera, para pesarle a los dueños de las cosechas nuevas de pasiones, el porcentaje que por compromiso le pertenecía. Los sanambrosianos conocen el tamaño de su deuda, tienen los originales por eso mueren en la zafra haitanos, soldados en la frontera, dominicanos en las fiestas, en los juegos de azar y en las caravanas es por eso que huelen a sangre las galleras, por eso los galleros son hijos o padres de gemelos, espuelas, guanteras son aliados de don san Ambrioso y de san Liborio.
Los tertulianos volvieron a traer más aguardientes, estaban borrachos- recuerdo- advirtió Wenceslao, quera melindroso, pero miedo también, que llevaban 22 botellas de “Palo viejo”, de rones y ginebras con agua de coco y no finalizaban con los cuentos reales y con los armados con babas de borrachos mentirosos pero celebrados con bastantes entusiasmos y muchas. Emilio Clase estaba en el centro del grupo, abandonó el escenario, para acompañar a su madre al Hervidor para partear a la mujer del maestro Marioldo Hiraldino, regresaron en la madrugada Lugo de un parto feliz de gemelos. Los hilos de la circunstancia manejaron la vida de la madre a su antojo-murmuró Sixtica, la hija de Isabelita Polanco, nadie la igualaba y muchos años necesitara la naturaleza para superarla, Juana Machelina, dijo y salió a escupir… pero regresó de inmediato al ver, según sus caprichos, una sombra que le hablaba con ademanes de zombis, entró a la sala con la lengua en las manos… unos fueron a comprobar lo dicho por Juana Machelina, y lo que hallaron fue al señor Guira sentado encima de una piedra, era su terapia espiritual esperar el sueño fumando en las noches sin luna… pero Evangelina Henríquez, sentada en el centro de la concurrencia, tomó la palabra, pero se la entregó a Juan Ñeñita, en quien confiaba, para que terminara con la lista de los ahorcados. Juan Eñe, manifestó- todas las matas de Cabirma se secaron, explicó que había un puente en ese extraño árbol y los ahorcados, ya van más de 50, (el señor Eñe, se bebió otro trago de ginebra con toronja, limpió su garganta, besó los labios de su boca, con sus besos, encontró la atención de todos) en la misma entrada de la propiedad. Fernando Mora se colgó de la mata de Cabirma, que su hermano Pelelo, tenía para aserrarla y hacer una puerta. Lo peor era que la lengua era tan larga que le pasaba de la correa. Evangelina escupió por la sensación que produjeron las malas imágenes del narrador. Los que estuvieron escuchando la lotería se habían ido, lo que no se quedaron fisgoneando alrededor, y escuchar el juego de pelota y los cuentos.
La luna había salido, era una ponchera llena de aguacates, a su lado luces menudas, se esparcían en los valles, del sideral túnel. Los hoyos de las palmeras, se veía a distancia, no había sombras. Las viviendas alejadas una de la otra, era una serpiente fantasmal. Era en la madrugada, los gallos entonaban el viejo concierto al compás de las brisas estivaleras. A esa hora gritaban los cerdos en las pocilgas, en los corrales las vacas daban largos bramidos, a esa hora llegaron Emilio y doña Martina, mientras Lalo colaba el café, en la cocina usado la jícaras del coco como combustible, la leña se había mojado. –Parece un día de lluvia-enmendaba Eulalio cuando pasaba el café a los recién llegados, toma Emilio tómatelo en la botella así aprenderás a masticarlo, también tú Martita, es un ponche lo hice sin molinillo en cambio le agregué amor pienso que el sabor se esfumó. Las nubes fueron empequeñendose se ocultaban en los matorrales del cielo para formar una cortina negra, para llegar al baile de Nereo, no les importaba llegar tarde, era territorio de latinos la puntualidad era escasa. Don Eulalio lo invitó a que durmieran dos horas siquiera, mientras el fuera al conuco, para cortar las yaguas, para tapar goteras en la cocina y la enramada donde guardaba la leña. Bellaco era una larga correa verde en el estrecho pantalón del valle del Bajabonico, con grandes ojales en la camisa de verdes esperanzas, llevando cuellos sin máculas en las celosas manos de sus primeros habitantes. Las hondonadas, cosquillas de sus lomas, empadronaban en sus senos al heroico guerrillero, que vio bajar en parihuela de los Pomos y de los Montes de la Descubierta, el agua de los manantiales y de sus norias levantaron la sangre de sus hijos valientes, antes de entrar al curso de viejo río, centurión, estandarte sagrado, del descubrimiento del imperio español. 32, Quizá más, eran las viviendas en el camino acuífero, los pies descoloridos, las manos callosas, los ojos endurecidos, al divino” tesoro” que los ancestros habían legado. En Chile los mineros, aquí los en Bellaco, los cafeteros, los cañeros y maniceros… hijos del matorral, en cualquier momento hay un día para descansar, en Bajabonico hay varios días para amar, sembrando bajo de los bejucos, cocinando anhelos, amasando sueños, se ama ayudando a dar a luz, a parir a la cerda o cercando las flores, a la madre que acababa de parir. ¡Caramba! Expresó Eulalio cuando procedente del conuco llegaba a la casa, de la mente no borraba las gratas imágenes de su hijo y de su mujer. Se detuvo en el umbral de la cocina donde ella le estaba esperando. Hay que comprar azúcar refinada.
- Yo traje, está en el macuto, sácala se quedó mirándola, concluyó que aún estaba joven. Somos millonarios, dijo alegremente, pero no lo entendieron, a el no le importaba, cuántos partos hiciste Martita, dicen que lleva 3511, póngalo a diez pesos, hechos a domicilio son 35,110 y quién va a los Uveros a las 10 de la noche y retorna a las 5 de la mañana por nada, como tú, ni la comadre Gelo, tampoco la Nóbel de María Teresa de Calcuta… si la comadre Gelo lo hace como tú por nada. Ella, la única, Martina Clase, la mujer de Lalo Santos, el que se queda solo, con la espalda fría, desnuda, esperando, su regreso, sin poner ni hacer cara de musarañas ni disgustos, cogiendo frío en vez de molestia y mortificaciones, en vez de piques, con eso canto y grito que somos y si no, pues, debimos ser millonarios. Por eso Higinio quiso tener…a todas las comadronas de su lado como empleada. Se detuvo en sus reflexiones, sintió los energéticos movimientos del marido, qué te atormenta muchacho, le preguntó, nada respondió de inmediato. Ese don Higinio era un genio, en la correa verde del Bajabonico, ya ni doña Feliciana lo paraba, los hombres inteligentes tienen generalmente una mujer superior, fíjense muchas veces, que no es común aunque hoy seamos más pobres que cuando nos conocimos. Es ahora que te comprendo, por qué decías que éramos millonarios y es cuando me doy cuenta por lo que te llamaban Lalo el loco, lo sabía, sabía que ninguna razón tenían, ni para herirte ni para ofenderte. No podían poseer ápices de juicios razonables, la locura es una fuente de energía que brota de otra carente de energía racional, sin contenidos valorativos, ni religioso si quiera. Eso hace ser diferente, a los que reúnen esa condición de clase, muy humana como humanizante, humanizadora. Lalo escuchaba a Martina, con precisión pero pensaba en los vuelos de garzas y de blancas palomas para ir a sus pasos a encontrar la paz que le intentaron quitar, y manifestó cuando la última paloma se asentó en el cogollito de la verde palmera, los que nos llaman así son intolerantes, prejuiciosos, incapaces de echar al exterior esas fuerzas que poseen los individuos como tú Matina, y yo. Había subido el tono- cuántos tienen una mujer que en la noche, tarde o, en la madrugadas de fríos y de lluvia abandonan su espalda para ir a servirle al prójimo, yo la tengo, y se esperar… no se moleste, porque lo repita… eso no me hace ser loco, o es ser hombre, responda usted por mi. Eso es ser humano, venir con las manos vacías, y el corazón lleno de bostezos es ser loco, muchos no lo comprenderán nunca. Los bostezos no faltaran, el corazón estará repleto de gladiolos y mirtos aromas espirituales, los que tienen esa energía aunque duerman en los gallineros, en las escatológicas rosas del padrote, convertirán los huevos en petróleo, en perlas o en trozos de verdes esmeraldas fortalecedoras de voluntades energizantes.
En términos contables no somos pero en morales nos sobran, pudimos serlo y ni ella ni nosotros lo lamentamos, construimos nuestras vías, de nuestro camino, hicimos el puente que quisimos cruzar. Vimos los vuelos que deseamos ver, desde los aleros de las viviendas de la realidad que fabricamos. Muchas veces Martina y nosotros soñamos volar sobre las mierdas de los que no abochornaban llamándonos desquiciados sólo por haber dejado de cortar caña en el cañaverar. En mis últimos 30 años de producción donde laboré, había más hormigas y alacranes que en Santiago gentes, ella agotó el espacio de espera, con su espalda esperando la mía, para que le diera los de comprar los azúcares y las sales, permanecí 28 años pidiendo el centavo que algunos no querían, que dejaban en el mostrador, no extorsioné, no amigo. Diga la diferencia si las hay, entre el que pide y el que solicita grandes préstamos en un banco de Estado, o al santo Ambrosio, Ah que las diferencias son varias y altas. Tú ves… te lo dijes, es mejor que ir al banco. Tengo esa misma cantidad de tiempo llevo celebrando la fiesta del patrón de los incrédulos, Santo Tomás, recibiendo halagos y alegría, empujones y pellizcos… recibiendo disparos, pedruscos y hasta zapatos viejos en la cara y la espalda. Algunos partieron mi cabeza, mis hijos e hijas no se enteraron para evitarle la vergüenza, no quise que interfirieran aun de ser padre y madres. Los manjares del cielo se engullen con las manos, eran para mi los hijos e hijas, manjar celestiales, se saborean aunque piquen o amarguen, y ni primos ni padrinos y mucho menos vecinos deben de saberlos. Nunca quisieron verme en el cañaveral de la mendiguez s uno o una me saludaba en el camino con dolor de mi esencia le decía quién es usted, no le conozco, no lo he visto nunca ellos eran manjar de los cielos, vivían y compartieron con los que decían que Eulalio estaba loco, pero nunca me molesté, siempre estuve triste, son actitudes diferentes. Demetrio fue el primero en darse cuenta de que eran un trabajo, encarnaba un personaje donde se me prohibía actuar alejado del guión, luego todo se marchó por las ruedas. Las muchachas me querían y así lo daban a conocer, para soportar que llamaran loco a su padre, eso me hacía egoísta, me llenaba de energía triste, peleaban en la escuela, en los caminos, en los lavaderos, en la iglesia… dejaron de ir a esos lugares para no pelearse con parientes y amigos y amigas aprendieron menos que los otros. Los profesores hablaban a favor, pero cuando el pueblo se convierte en masa, no comprende más que lo propuesto, no hay quien pueda variarlo. El tiempo pudo, se curó la locura… o nunca estuvo loco. Hice 28 velaciones todas con muchas comidas, en cada corrida gastamos Martina y yo 3230 pesos, si lo multiplicamos por las 28 ocasiones el arrojo está claro…será igual a las reglas aritméticas, dinero de los del 1942 hasta el 1976, los azares de las circunstancias, abrieron los portales de los jardines misteriosos de la vida de la familia Santos Clase, y de los hermanos de sendas familias. La sombra de los trágicos, mordió las piernas de la sombra de Nena, hermana del señor Lalo si destruir las bisagras de los mencionados patrones, o portales, pasos de esa misma sombra confabulada con los meandros del santuario acuífero de la región ahogó al padre de las 24 criaturas, 6 de esas eran sobrinas políticas del sirviente de Santo Tomás don Eulalio Santos, Lalo.

Los dolientes aullos de la sirena de central amistad eran la señal de la entrada al tiempo muerto, con el cambio de estación, de invierno a primavera, tres meses de espera, para los residentes en la larga correa verde del Bajabonico, que manos caritativas trajeran del largo pantalón pasándola por los ojalillos hasta la vuelta de la molienda. Don Higinio era dueño de mas tierra que todas la del central amistad, la estancia San Antonio, con alrededor de 600 tareas, estaba sembrada de caña de la variedad llamada “Fajarda” con enorme garantía en su duración de retoño y en bonanza en el pesaje de la tonelada. A los cortadores le gustaba cortar la caña de la finca del patrón de los beatos y beatas…, ni hormiga ni yerba que molestara a los picadores de la gramínea, era un jardín, si le parece cierto ponga la flor que pueda su poder imaginar, era un vergel de hermosas piezas azucaradas. Esa era la gran fuente de empleo que la tiranía tenia para la parte oeste de la provincia. La parte sur del municipio Imbert, ponía el 45 % de los trabajadores y el resto la zona urbana y un 3 los “Senciones” lugar de las hermosas Damajagua, lugar hoy para veraneo de nativos y extranjeros viajantes, otros tanto ofrece Bajabonico arriba del municipio Altamira… lo demás manos esporádicas, de la parte norsureste de Cabirma y Cabía, en el corte y tiro de la caña de azúcar.





El sector urbano del municipio Imbert copaba los puestos de oficina. Los imbertolitanos se creyeron los dueños del ingenio amistad. De los ahijados de Martina, había cortadores en su mayoría, Maximino Rosario, Guira, el que dormía horas enteras encima de la piedra del camino, y su hijo Putin era cuartero y entre los carreteros estaban el señor Cabo Suero, Capao, aquel que huyó del difunto Faleriano Vásquez; Hipólito Crisóstomo, el que debió entregar de la pesca a doña Martina. Había un tronquero senescal, eso mismo ocurría en Los Guanábanos. El de la parte del municipio Altamira situado en el Pozo Prieto era el señor Pelao Henríquez, y Evaristo Cruz, en los Guanábanos. Lo temido de la sirena del ingenio, inyectaba en el sentimiento de los habitantes de la familia y de los trabajadores energía de culpabilidad, y de deudas… las hormonas del mundo laboral emitían mayor sustancia de sumisión como si tuvieran que arrodillarse ante el Dios de hierro de humo y de acero: el Central azucarero, que le daba de comer y de beber, le daba trabajo la gente había aprendido a querer bajo el peso sádico de los implacables ojos de ese tirano. Los cortadores de caña, repartían la cojera, brincando por las calzadas de piedras evitando meterse a las aguas del príncipe fluvial, muchos iban descalzos, otros tenían zapatos de gomas, soletas con tirantes de sogas, o de cuero de pieles de res o de cabras o de caballos… caminaban con suma rapidez, llevando los fumadores, en las manos tizones de leña encendida para fumar caminando. Tenían que llegar a la parcela antes que la claridad del alba, que los rayos del sol. Esa era su filosofía. En el frescor de la madrugada, la sirena dio las tres, el señor capataz, lo saludó mostrándoles simpatía espontánea y con entusiasmo les dijo: vamos, vamos, nos agarrará la mañana, lo decía con voz gargantada, los que les querían de verdad, levantaban el sombrero o las cachuchas, otros subían las manos.
Don Eulalio dejó la cortada de caña, le huía a las plagas animales y a las vegetales como el gratey y la gibijoa, como la piel se le erizaba optó por otra manera de buscar dinero, de ganarse la vida de su familia. Estaba en la mesa, de tanto calcular se quedó dormido, soñó peinando la barba a Onofrio el patrón de los locos, pero las manos del patrón de los prestamistas le quitaba la peineta. La lucha que se produjo entre los dos milagreros obligó la presencia de santo Tomás quien recuperó el peine y se puso a limpiar los cabellos de todos, san Onofrio pagó dos monedas, pero san Ambrosio se negó a pagar, cuando Lalo despertó miró su piel suave y lozana. Y fue a partir de la fecha que inició la promesa de no cortarse el pelo por 12 años, y llevar el retrato del perfil de santo Tomás para al final de cada año, hacer una gran fiesta a su nombre los 20 de diciembre, llevaba a su enramada a los mejores músicos típicos de la región, permaneciendo alrededor de 26 años, poniendo a gozar a los adultos y jóvenes para escapar de los ajetreos de los balbojos de caña, de las picaduras de cacatas, así mismo de las pringamozas y del gratey también de los acosos de los ambrosianos usureros y explotadores.
Martina Clase hija de Delfín Polanco, y de Marcelina Clase tenia manos privilegiadas, y su corazón era un cántaro donde crecía, la magnanimidad y el amor por la humanidad era la salvadora de mas de 3500, vidas y a su lado tenia una familia compuesta por ella y Eulalio Santos, forrada de comprensión, llena del decoro que urgía para valorizar las acciones de cada miembro de la hermosa familia, de las demás familias del universo, del valle del Bajabonico donde, desde el 1905, cuando tropas imperialistas ultrajaban las peñas Quisqueyanas la madre de Martina y de Ursula de Juan y de Lorenzo, se abrazaban junto a Delfín esposo de Marcelina, los guayabales, los anonades, como los robledales de la angostina ribera del Bajabonico. Teresa y Andrés hicieron lo que pudieron para que sus sobrinos no emigraran a la provincia de la Isabel de Torres, o Novia del Atlántico, ahí están teniendo de vecino a Higinio Henríquez latifundista, ganadero, empresario agrícola… dueño de factoría de la región. Recolector al por mayor de las frutas, saboreando los guandules con yuca y batatas mirando el crecimiento de los hijos de los bueyes para el arado, o para la carreta, de los ahijados, de los compadres y comadres de la Madre Martina, quien era amiga de las demás comadrona… comadre de doña Gelo, de felo, de Florita y de la ya difunta Castrina Polanco y de Pancha Llivo. Demetrio y Emilio jugaban pelota en el play de don Higinio, al compás de los vuelos de garzas, mientras las recuas bajaban desde la Llanada o de Café Cándido en Pozo Prieto cargado de yuca y de café también de cacao a los secaderos y almacenes de la H/B, Eulalio creía en santo Tomás pero no era milagrero, agradecía la devolución de la fuerza de esperar… como los señores César en Santa Rosa, y Juan Santo, en San Francisco, lo mismo que en San Antonio, Don Higinio. Sin ser patrón de las parturientas, en las fincas del señor Higinio parían hasta de trillizos, las bestias criaban los críos de otras madres, que Higinio adquiría, en los negocios, como pagas de juegos, y actos de compras en las barrigas de la madre encinta. Martina subió los peñones del Saltadero y luego del Brinco para dar con la casa de su comadre. Se sentó en el banquito de palma, bebió agua del Saltadero, y restableció sus energías perdidas. Pidió como recompensa les llenaran dos calabacillas de bangañas para llevarle agua a su marido, que estaba enfermo en esos días. La hija de Prebispá nacería, lo miró, comprobó la alegría en los ojos líquidos, transparentes como las aguas del manantial. Cuando Martina y el acompañante se marchaban, Prebispá de los Santos dijo: esos seis huevos de guinea, son para usted. Gracias cuñado, dijo ella. Era muy joven en aquellos días, hacia sus primeros partos…

Las espaldas de las recogedoras de café se llenaban de hormigas y de tangos, depositaban las salivas invisibles, que ardían con el simple contacto con la piel; se las pasaban rascando más que cogiendo las frutas jugosas de las matas. Los hombres en el llamado tiempo muerto, acudían a las fincas para ganarse algunos pesos que consumían en loterías y en otros vicios la mayoría. Pero la mayor parte de los compadres y ahijados de doñas Martina, laboraban en la doble H, firmaban el libro de los compromisos, esa obligación a muchos los asustaba. Los hijos de don Ciro Álvarez, y de Isabélica Polanco levantaron sus años en los potreros, con los cerdos, en los ordeñaderos y en las recuas, en las boyadas. Permanecían en las horas de reposo en los tachos en las enramadas donde comían. Ahí se reunían los recueros, el pocilguero le decían piarero, la señora Feliciana inhabilitó la campana que anunciaba las horas del desayuno y de la comida del medio día, la cocina de doña Feliciana olía, diseminaba el perfume culinario hasta en los contornos de sus linderos, y perímetros territoriales, llegaba al rincón más lejano de la propiedad, más lejana. El olor a queso frito era inconfundible al de arenque o al de huevos o a los chicharrones doraditos que freía Esteban Vásquez. Besaban los matojos y las breñas, comunicándose como un lavado de cerebro como puente, que invitaba a querer ser miembro de la familia de la doble H.
Los paseos a caballos del señor Higinio, de tarde en tarde, a la vivienda donde el señor Pío Santos, era un pasa tiempo que los complementaba con los momentos de esparcimiento en la garita de juegos, en la segunda planta, allí bebía el café de la tarde y comía las frutas junto a su mujer Feliciana, viendo el vuelo de las garzas blancas. Repasaba los planes y proyectos mientras los trabajadores estampaban los novillos.
Escuchaba el responsorio de la misa, en la iglesia San Antonio, de la abuela de los hijos Patria y de Cándido Silverio. Don Higinio y el señor Eulalio, siguieron con las fiestas de su correspondiente manifestación mística, el 13 de junio y el 20 de diciembre don Higinio continuó, multiplicando sus negocios escuchando cantar gallos, escuchando los enredos de sus amigos y de los vecinos, contrataba a nuevos jornaleros, que se inscribían en el libro rojo de la compañía doble H. dicen que don Higinio penetraba a la iglesia a buscar a san Antonio para que le adjuntos cedacearan las semillas que sembrarían las próxima cosecha, también que lo llegaron ver cocinando entresijos en bacinillas para los cancerberos custodias, protectores de cerraduras , candados y los escudos de los abanicos de becerros negros en los Antolinos en la Llanada, en Café Los Cándido. Esa visión imperialista, latinfundera de Higinio, lo ponía a pensar con los ojos, más que con el cerebro. Llegó a pensar que los vecinos, eran sumisos o podían ser, sus esclavos o ser simplemente sus aliados lo que no hizo en noche de luna fue… mover las empalizadas, cosas muy común entre algunos terrateniente. Los imperialistas de la tierra, los latifundistas del medio, de esa manera no deseaba extender su poder porque el amaba su comarca y con esa a la gente.
En la casa de doña Martina se preparaban para la fiesta de Santo Tomás, el incrédulo, los papeles de la patria se mecían al compás de salves y cantos en las vísperas iban desde el camino real pasando por la ermita hasta la enramada donde bailaban. El alborozo crecía con el andar de los minutos de un día muy claro y sin indicio de posible caída de algún aguacero. Empero las aguas del Bajabonico estuvieron convulsionadas… plomizos movimientos… vigilaban las partes suroeste de los Antolinos, los vagos cuervos hacían la canción a Nereo, desde las verdes pencas de los cocoteros y de los palmares. Algunas garzas blancas bañaban el plumaje confrontando la envidia de los gansos su favorito pasatiempo. En las pocilgas los cerdos con los hocicos morcillozos cubierto de fango hacían el amor, con el murmullo del silencio, se escuchaba las plácidas excreciones de la hembra en éxtasis.

Una noria en el Camino. Novela del prof. Víctor Arias

---****** Capitulo 13 *****----
En el 1966 García Castro se convierte en relacionador público de la secretaría de Agricultura. Le dije que iba, pero sin que me dijera que no me fuera me sostenía por una fuerza invisible de espiritualidad inexplicable. ¿Qué será lo que este hombre posee? cuando intento dejarle ahí salía don Salomón con algo de mayor interés que lo anterior. Me introdujo a la salita donde hacía siesta, y allí me dijo partes de sus secretos. Tienes que confiar en mí. Demetrio está en el cuartel de Villa Francisca, y lo han golpeado, no está bien, está muy cerca de aquí te lo dije ya, en el cuartel de Villa Francisca en la cercanía del Mercado Nuevo. Me dijo levanta la moral y dale ese papelito al Coronel Torres Marrero, que es mi primo hermano. La duda que tuve de ese hombre parlanchín, de habían disipado y trastocando en seguridad y afectos. Cuando llegué el oficial se marchaba, hacía la última inspección vespertina, en su rutina diaria, me le acerqué al lada que acariciaba el vidrio delantero con una pañoleta blanca. Le pasé el papelito que le enviara Salomón Torres, lo leyó me acarició con una recia pero comprensiva mirada de miel. José Torres Marrero, era de estatura estándar, grueso, piel amarilla, cabello muy fino, pero escaso, rostro caucásico con mancha de barba menos que de espinillas. Individuo de buen trato familial y con todo el mundo en general. De gestos afables, ademanes rectos y sin rodeos, respetuosos y en mi parecer limpios. Me atreví a creer que ese policía estaba ligado a los humildes por la cadena de lo justo y de lo correcto. El fango corruptor del capitalismo asqueroso, no había marcado a este policía, era un hombre sano de los que quedaban y que la circunstancia lo mostraba como un nacimiento social. Ya confiaba en Salomón como en un padre bueno. El policía de alto rango me miró sonriéndome, me invitó a conversar en su oficina, me dijo lo mismo que Salomón me había dicho de Demetrio. Pienso que en la mañana era el mejor momento para que se lo lleve, miró lo negativo en mi cara se levantó me dio la espalda y en la persiana permaneció segundos, regresó a la mesa con la llave del lada en la mano derecha. Me dijo en voz muy baja –venga lo llevaremos de inmediato. Lo llevaré por la Ovando, espéreme en la Bomba de la máximo Gómez. No mejor en la bomba de la Máximo Gómez con puerta del camposanto. No apagué el motor. Respiré tan profundo que sentí que el aire circunvalaba en las avenidas de los riñones. Eran las energías espirituales que desde el colmado de Salomón Torres, había recibido con su trato conmovedor. Yo quería ver a Demetrio…, cuando entramos a la casa de Doña Hilaria S. Bonilla, en la presidente Cáceres número 50, yo agradecí con un beso en la cara, y palabras de beneplácito- Soy Ofelia Cabrera, me devolvió un juego de afables sonrisas capaces de enfriar las balas más calientes de algún esbirro o del policía de nombre Masámbula. Puedo asegurar que es un ejemplo de buena voluntad y de humildad, por eso en los sectores donde administra limpieza social la delincuencia huye, se evapora y la muerte por intercambios de disparo disminuye y se termina. –quiero que sepa Ofelia que Demetrio es hijo de una mi hermana Hilaria. Quedé paralítica con la confidencia, en menos de 15 minutos he recibido informaciones, que otras circunstancias he necesitado meses.
Eran las 11 de la noche cuando Demetrio Sandoval entró a la habitación de Ofelia compañera de lucha, había cenado, en el cuartel por orden de su tío Torres Marrero. Cuando te vi en el cuartel, el dolor se fue a las plantas de los pies y por arte de magia a los dedos sin hallar explicación alguna. Pero ahora me duele la cabeza, mira mi cara y mis manos, mis brazos los tengo hinchados. Me dieron una paliza de los esbirros de los templos colorados. Con la mano derecha, mírala, que hinchada la tengo, tuve una ruda pelea con Tránsfuga, anda con los incontrolables de doña Emma, me pegó con una cadena, pero se descuidó y le coloqué el puño en la mejilla izquierda y le saqué dos muelas. Excúsame Demetrio, debo llamar a Marcos, por no poder asistir a lo acordado. Yo debería estar con ellos.
En la mañana recibimos la visita de Emilia y de Marcos, yo estaba en el sofá. No me dolía como antes el puño, pero donde Masámbula me pegó con la culata del fusil aún estaba bastante inflamado y me dolía. Doña Emilia calentó agua y me pasó encima de las partes infectadas. Marcos me llamó para preguntarme por el parentesco del oficial de policía. ¡Cuántas sorpresas! Primero, Ofelia es tu amante, prima de Arias, tú y Arias Primo, ahora sobrino del coronel y doña Hilaria, la madre de Grecia, de Freddy y de Ramón, ejes de movimiento. Emilia es mi tía, ahora no es mi tía sino mi madrastra esposa de mi viejo, viuda de tu padre padre, aclaré. Aún muchas cosas faltan por verse, le dije a Marcos. Esperemos estudiando, para que los hechos, no sean motivos de descaimientos, debemos prepararnos, aunque la muerte de García Castro no fue una sorpresa por ser la continuación del terrorismo gubernamental, lo que es sorpresa, Marcos, es que fuera asistente del presidente Balaguer en el exilio.
Para mí no señaló Emilia sería sorpresa, el día que me dijeran… que marcos tiene novia, sería una linda sorpresa, y lo bueno Demetrio, me reí, que me haría muy feliz.
La puerta de las habitaciones de Ofelia permanecían abiertas, el ruido de las calles del barrio y de latas arrastradas, por perros y por gatos dirigidos por bandas coloradas infantiles pagadas, unas protestaban por la muerte de García Castro.
-¡Buenas Mañana, dijo don Salomón.
- Buenas mañanas, respondió doña Emilia. Qué desea señor, soy amigo de Ofelia y vine a saber del enfermó. Cuando me enteré que Salomón me presenté a la sala, hola vecino, dije. Cómo se siente usted. Sentémonos. Hágame el favor. Demetrio, don salomón vino a saber por ti. Dije muchas Gracias. La bendición Tío Salón, dios te bendigas, me respondió y permaneció al lado de doña Emilia, comparaba el perfil de su abuelo, con sus recuerdos, con el de su sobrino, el parecido era enorme. Mi tío Salón estaba contento con los resultados del cuartel de su primo Torres Marrero. Cómo estás qué sabes de Bernardo. Estoy bien, todo se lo debo a usted por haber combinados los esfuerzos para mi liberación. Tío Agustín dijo que vio a papá el jueves, y que estaba bien. Me informó Ofelia del trato que usted, tío le ha dispensado. Le presenté a Emilia y a Marcos, el dijo que sentía placer, pero para mí eran conocidos, tío Salón se paró y los abrazó.
Vine por un objetivo y he alcanzado varios, que bueno, pasen buena mañana, dije al tiempo que pasaba la taza, donde tomaba café. -¿Qué es usted, de Demetrio? preguntó Emilia. -Soy pariente cercano, respondí. Ofelia me obligó a quedarme trayéndome un platillo de dulce. ¿Cómo te trató José Agustín? Me trató con respeto observando mis derechos. Entre el coronel y yo hay un tejemaneje, que ni el ni yo lo hicimos, pero somos primos, compadre, soy padrino suyo y es mi sobrino nieto, qué es sobrino nieto. Me preguntó. Es el hijo del hermano del abuelo. Pero casi todos decimos sobrino segundo. Dígame si es cierto que es pariente Freddy y de Ramón los hijos de doña Hilaria. Soy tío abuelo suyos y también de Grecia. Es decir son mis sobrinos nietos. Es una categoría genética moral y filosófica. Para irme le deseo que se mantengan en la casa por unos días porque las enredaderas están por atrapar las ramas de los árboles que las sostiene empleen el tiempo para que lo entiendan, pásenlo leyendo, manejando algunas cuentas, evaluando la situación mundial. Habrá terremotos en los partidos. Por qué dice eso tío Salón. Los años no pasan gratis, cuando la veje es compañera de la observación entonces es profética y lúcida. Esas divisiones ocurrirán en todas las iglesias es un problemas de madurez social. Se derrumbaran las ortodoxias, se derrumbaran los dogmas humanos y los celestiales. Y los fragmentos serán esquirlas peligrosas amigos, por viejo no por Diablo, se lo digo. -Vuelva cuando lo desee me dijo Ofelia, al tiempo de besar a Demetrio, delante de todos.
Marcos me alcanzó y me preguntó cuando podía ir por mi despacho, yo le respondí que fuera por el colmado que era donde podía atenderle, para engordar las haciendas no se debía estar lejos de esa. Lo llevé a la salita donde atendía Ofelia, me preguntó por una tal Esperanza Mota, ¿Esperanza Mota? Esperanza Nota repetí muchas veces aparentemente sorprendido. Después dije. —dicen los que la visitaron en Llanos de Pérez en los alrededores de el central Amistad, en Imbert de los Cañafístoles, me detuve un poco para pensar en los vecinos suyos y recordé a Rufo Gómez, iba a continuar y recordé al profesor Javier Cruz y Cruz, y a su padre Damian, amigos de la Mota… dicen los que de ese Diablo oyeron decir algo, infierno o Purgatorio, que es un Nagual, que es una Nereida, otros la confunden con un súcubo o con un íncubo. Que cuando el sol se esconde es porque Esperanza se convirtió en un íncubo, pero cuando es la luna la que sale huyendo de la realidad, es porque se convirtió en súcubo. Marcos estaba boquiabierto dejando caer ligeros hilillos de babas espesas.

martes, 3 de noviembre de 2009

lunes, 2 de noviembre de 2009

una noria en el Camino, novela Victor Arias

*** Capitulo 8 ***

Espéreme, deténgase, dijo Juan Francisco Moreno, en esa sombrita. Lo esperé mirando la extensa llanura con su larga espalda verde en ambos lados de la carretera como columna vertebral que desde el cruce de la Gina se encamina al Batey Guanuma pasando por Mata Redonda y el barrio y arroyo Sanguíneo. Cuando llegaron Juan Francisco me dijo-mire ese bosquecito profe, ahí apareció el cadáver de Yolanda Guzmán, junto a otros cuerpos que no se dieron a conocer, porque les habían sacados los ojos, y otros órganos vitales. Amparo escupió. Le encendí un cigarrillo y se lo pasé. ¿Entonces esto es mata redonda? ¡Caramba! Dije, ¡esto es Mata redonda! Aquí arrojaban a los que mataban. Y le prendían fuego simulando ser basura de tala para conuco, sequé mi sudor y los compañeros creyeron que lloraba. Los cinco seguimos para el batey, nos detuvimos en las casa de Sanguíneo, caminaron hasta el puente sobre el río Guanuma, en la carretera Guanuma Las Luisas. En la mente de Amparo revoloteaba el hedor de los cuerpos ejecutados, invadían sensiblemente el organismo de su poder imaginativo obligándola al desmaye. Vi que las alcantarillas, las barandillas de los puentes, los troncos de árboles y palmas estaban como el ruedo de las casas pintadas de colorado. Eran los fantasmas de José María Julián Mariano Escrivá Balaguer y Albá, creador del OPUS DEI. La brisa del río de sosegadas aguas despejó la mente de los viajeros y el vuelo de las blancas garzas llevó pureza las salas de edificio mental de Amparo Cabrera Arias visiblemente recuperada. La portezuela de la memoria de Amparo se abrieron y señaló en tono amistoso:- Pero pendejos esperen a la única princesa de la colmena. Nos detuvimos, le tomé de la cintura, le coloqué un cigarrillo en sus labios morenos y poder borrarles los mefistofélicos recuerdos de Mata Redonda. Por ahí yo no regreso… ¡jun.! Por ahí no vuelvo. ¿Y por dónde presupone que iremos? Yo me voy por la tita, por la Luisa Blanca y la Tita. Entonces Juan Francisco Moreno comenzó a aclarar la situación…
En Bajabonico Arriba, doña Daniela recibió una carta que yo le enviaba dándole informe de nuestra situación. Estamos bien sólo que aun no nos han pagado en primer cheque, desde febrero, y estamos en llevándola despacio suerte a tener a Amparo la sobrina de Danilo Gómez, de la que le conté, me buscó la casa nos ha cogido comida a su nombre. Me despido de ustedes deseando estar junto a todos. Bendición para Papá y un beso para usted y abrazos para mis tíos y hermanos.
… ah dijo J. Moreno vámonos por Mal nombre, por sierra prieta. Estábamos en la barandillas del puente sobre el río Guanuma, a escasos metros del Batey, desde aquí podíamos ver ondear la bandera nacional enastada en el cuartel de policía. Volví la mirada para los cañaverales, y me encontré con líneas de garzas garrapatívoras, me deleitaba con el paisaje intenso de la profundidad del verdor del cañaveral. Era un mar de lanceros verdes que se movían en la música inaudible para mí, más que para muchos, de vientos celestiales. Pensaba en el puente de acero que se llevara el río Bajabonico hacía 5 años. Arrastrando los pernales de acero por el batey la Grúa en el central Amistad.
Juan Francisco aun era alumno del octavo grado, muy despierto, e interesado en la búsqueda del saber con la franqueza que tenía explicó – si tomamos la retaguardia, caminando despacio en 45, si continuáramos hacia la Luisa, llegaríamos a la Hacienda la Estrella, propiedad usurpada por Trujillo, encima de las 12 y 6 minutos, y si fuéramos por la Bomba carretera Villa Mella, estaríamos en Haras Nacionales Otras de las finca expropiada por Trujillo, en 123 minutos. –señores manifestó Amparo, los puse a razonar, los puse a pensar, me hizo mucho mal haber oído, la masacre de Mata Redonda, pero estamos preparada, asimilar las tragedias que faltan escuchar cometidas durante esa maldita intervención del 28 de abril. El camino del infierno es más corto que el de la Gloria. – he estado en estos contornos pero no conozco El proyecto Haras, Juan Tomás y la Caoba. En la Ceiba, hermoso lugar cañero de la parte noreste de la Victoria, en casa de la familia de Ramón y de Héctor Pastor, quien aún era un púbero, cargado de un aura de espiritualidad infantil anormal. Su padre estaba enfermo. Mi guía era Juan Calzado de los Santos, mi director y superior. También en la excursión, andaban otros maestros, de la Esc. Padre García. En casa de Serapio y de Pastora Mercedes.
Llegamos a la hora prevista por Juan Francisco Moreno, y Elvira al verme salió a la galería, tenía en los pechos a su hijo Kleber. Estaba contenta le habían entregado el televisor Toshiba Blanco y negro, que yo había solicitado a crédito en una agencia de la ciudad. Ya no tenía que visitar a la hora de la novela a donde Gladis que con mucho amor cedía un momento y un espacio todas las tardes de prima noche, la presencia suya en el hogar era paz y bienestar, aire refrescante en el comedor y en los aposentos.
- El miércoles en la noche, comencé a laborar en el Liceo nocturno, era privado, lo dirigía Cosme Jiménez, pariente, luego supe, del maestro de música de Altamira el señor Joaquín Jerez, funcionaba en la planta física de la Padre García. En el primer y segundo grado impartía la lengua española, teoría literaria e historia de la literatura española, en el tercero. Y en el cuarto historia de la literatura dominicana e hispanoamericana. En los cursos había alumnos que eran de mi misma edad, el caso expedito de los maestros Juan Antonio Moreno y de Julio Adón. Pariente cercano del héroe restaurador Juan Evangelista Adón. Había policía y maestras y maestros, que pasaban mi edad, estaban Luis Moreno (el sastre), una persona de cualidades humanas ricas en relaciones y sensatez, Aquiles Figueroa joven de amplio criterio sobre los medios de producción, Pupito Mercedes, era un joven que andaba siempre con la luz de la prudencia encendida, arrojaba chispas de respeto cuando ponderaba alguna situación. Los alumnos pagaban cuotas de 4 pesos mensuales, era una labor de rescate preconizada por el profesor Jiménez, quien laboraba en las Fuerzas Aéreas Dominicanas, labor de rescate de una juventud ávida de progresar buscando las razones de verdades escondidas desde los días cuando llegaron, en los caballos de los conquistadores, el corazón de la maledicencia. Juventud que necesitaba levantarse de las cenizas centenarias heredadas de los invasores, desde los pobladores de negros y la matanza de nativos.

Una noria en el Camino. Novela del prof. Víctor Arias

los perredeistas estan reunidos en la terraza de la casa del doctor López Ortega, la casa está llena hay que enterarse de lo que planifican-dijo el teniente Guzmán a Zoila Cariño Báez, su mujer y secretaria. comprate una libreta para que podamos tener los nombres de esos conspiradores, anda, que acaba de llegar el secretario general y el director de organización. No pierda el cuidado, porque esos tipos no son tontos. sí, sí ya escuché, observó la esposa que llevaba en las manos una cartera colorada. el teniente se acomodó en una silla de guano y madera en la sombra del Tamarindo, desde donde podía columbrar los cuatro costados... hay que llevarlos pisados a sogas cortas, apocilgarlos, murmuró en silencio. mientras veía la falda de su mujer mientras se entraba en las ranuras de la glutanía.